Aún es temprano para ver resultados de la gestión gubernamental de Andrés Manuel López Obrador, pero este tiempo es suficiente para vislumbrar su estilo personal de gobernar, el cual ha generado que en los siete meses y medio que lleva en el poder no haya ganado adeptos y sí haya perdido partidarios.

Resulta complejo entender lo que AMLO llama la Cuarta Transformación cuando contradice el pensamiento de Benito Juárez –artífice de la Segunda Transformación: En la Secretaría de Gobernación se estudia la posibilidad de hacer una reforma a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público para que las iglesias puedan ser concesionarias de canales de televisión y radio pública, con la finalidad de que difundan valores morales. (Como la pederastia y la simonía). También se vuelve apóstata del apóstol de la Democracia don Francisco I. Madero, creador de la Tercera Transformación, al promover la pantomima democrática de votar a mano alzada o por medio de consultas que no tienen base constitucional y en las que participan una minoría de la población afectada. De una u otra forma las votaciones favorecen las causas propuestas por el fundador del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), como la cancelación del Metrobús en Durango; la supresión de la obra del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco; y, en su lugar, darle luz verde a la ampliación del aeropuerto de Santa Lucía; así como la disposición para que la termoeléctrica del Estado de Morelos se ponga a funcionar, pese a la oposición de la población directamente afectada.

A lo anterior habría que agregar la llamada Ley Bonilla en Baja California, de la que López Obrador ha eludido hacer un comentario directo, pero a la que su partido (Morena), aunque sea minoría en el actual Congreso local, apoya. Además el impulso a proyectos como la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, cuya construcción, al parecer, es un hecho, sin que haya un análisis, serio y profesional, que defina el costo-beneficio, así como el impacto ambiental que causarán y, sobre todo la viabilidad de ambos propósitos. Empero, estos dos planes no fueron designados mediante licitaciones.

Todo gira en torno al presidente, inclusive el monto de los sueldos de los funcionarios gubernamentales especializados, independientemente de si pertenecen o no a algún partido político. Todos deben ganar menos del salario que se fijó López Obrador, la mitad de lo que ganaba su antecesor, lo cual a él le parece justo. Algunos de éstos han preferido renunciar porque sus conocimientos y cualidades son mejor remunerados en la iniciativa privada.

También el mandatario, con el irrebatible argumento de que todo está tocado por la corrupción, y con la premisa de la austeridad republicana, ha desmantelado programas e instituciones como las estancias infantiles, Pro México y el Instituto Nacional del Emprendedor; lo cual ha dejado sin empleo a muchas personas y en el desamparo a mujeres y niños. Así mismo, el desabasto de medicinas en los, de por sí mal surtidos e ineficaces, ISSSTE e IMSS, ha sido achacado a la corrupción, la cual existe desde siempre en ambos institutos, pero que ha causado enojo en la población porque la salud del “pueblo bueno” no se puede usar como elemento de coacción.

Las conferencias mañaneras, no me atrevo a señalarlas como algo negativo, tampoco como una herramienta positiva. Si bien, pone al presidente en contacto diario con los medios de comunicación y, por ende, con la sociedad. Éstos manipulan la información y la editan, transmiten o publican a su conveniencia, minimizando aciertos y agrandando errores. En ocasiones el propio ejecutivo se “pone de pechito” al desviar de manera visible el tema de las preguntas o al hablar de cualquier asunto. Hasta de Juan Gabriel opina. Cuando recurre a personas de su gabinete para que den información de los temas de su incumbencia, se para junto a ellas como el profesor que toma la lección a sus alumnos. Pero no puedo terminar mi escrito sin mencionar los múltiples obstáculos a los que el político tabasqueño se ha enfrentado desde que ganó la elección. Además de lo que escribí arriba sobre la manipulación que hacen en los medios con sus declaraciones matinales, hay que ver las redes sociales para percatarse que, como dice Carlos Mendoza, director del Canal 6 de julio, hay gente de la derecha-siniestra, dispuesta a derrocar a AMLO con lo que se llama un Golpe de Estado “suave” o “blando” que comienza con la difusión de noticias falsas, burlas, incitación a protestar como lo hacen Alejandro Morán, líder de los “Chalecos México” e hipócritamente los ex presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón –como si ellos hubieran hecho gobiernos ejemplares.

A pesar de mi opinión de hoy, pienso que no se le puede llamar, como lo hacen los arriba mencionados, dictador a quien apenas lleva siete meses y medio en el gobierno. Tampoco es el salvador de la patria quien ejerce el poder a su capricho por bien intencionado que sea. Pese a todo, le doy el beneficio de la duda y termino con la paráfrasis de un refrán: Ni tanto que queme a AMLO, ni tanto que no lo alumbre.

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Vendía menudo. Se equivocó y en lugar de orégano le puso mariguana. Lo acusaron de narco-menudista.

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.