La estabilidad macroeconómica con la que contamos ha costado muchos años alcanzarla. No se logró durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero sí se ha mantenido de una manera ejemplar. Para los mexicanos que tienen menos de 25 años es difícil de entender un país en donde, de un momento a otro, su patrimonio, sueldo y sus cosas pierden su valor por las decisiones equivocadas de gobierno. Nuestra historia económica está llena de episodios en donde las devaluaciones de la moneda, el alto costo del dinero y la fuga de capitales eran cotidianos, teniendo como resultado más pobreza y el enriquecimiento de unos cuantos empresarios que siempre pudieron sacar ventaja bajo el amparo del gobierno. Desde la autonomía del Banco de México en 1995, precisamente a raíz de una fuerte crisis financiera, el país ha contado con estabilidad de precios, tasas de inflación estables, un tipo de cambio no manipulado artificialmente y un gobierno que tiende al equilibrio fiscal.

Ahora que se han cumplido dos años del sexenio se puede reconocer la voluntad del gobierno federal por preservar la estabilidad, tanto monetaria como fiscal. El respeto y fortalecimiento que ha mostrado hacia el Banco de México y la estrategia de austeridad y no endeudamiento, han permitido reflejar tanto una disciplina monetaria como fiscal. Esta circunstancia permitió que la calificación crediticia del soberano mexicano fuera ratificada, al igual que se genera un peso estable y un proceso creciente de bajas tasas de interés. La estabilidad macroeconómica tarda mucho en lograrse, pero se puede perder en días. Hasta el momento, los críticos que señalaban que el primer gobierno de izquierda en México iba a comprometer la estabilidad por su vocación para incrementar el gasto social, se han equivocado. Sin embargo, hay todavía mucho por hacer. El orden en las variables macroeconómicas como el tipo de cambio, la inflación, las tasas de interés y el balance fiscal son el punto de partida para el crecimiento económico, pero no el único requisito para lograrlo.

A la estabilidad económica mantenida por nuestro gobierno federal le hace falta ser complementada por una mayor inversión tanto pública como privada. Esta inversión sólo se logra dando certidumbre a los capitales de que su dinero no se va a perder por el cambio de reglas o la falta de cumplimiento de los contratos. Es el gobierno el garante del Estado de derecho, fundamento del desarrollo de cualquier nación. En este sentido, podemos celebrar la disciplina del gobierno por mantener el equilibrio macroeconómico; no obstante, debemos esperar que utilice todos los instrumentos de política pública a su alcance para fomentar la inversión y el empleo ya que como, hemos dicho, el peso fuerte y la baja inflación no son suficientes.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

Lee más de este autor