Una de las frases que más me llegó , al punto de que debería decir quizá que me golpeó, el año pasado fue lo que dijo Salim Ismail, de la Singularity University, cuando un reportero mexicano le preguntó ¿Cuánto dinero cree que un país debe invertir en desarrollar su ciencia y su tecnología? .

Retador, Ismail contestó: No es cuestión de dinero. Google y Facebook se hicieron en computadoras personales normales, como las que todos ustedes tienen. ¿Por qué entonces no hay un nuevo desarrollo exitoso de ese estilo en México?

Peter Diamandis, cofundador de la misma institución, en un tono un poco más moderado agregó: Creo que la diferencia es cultural. Hay lugares donde uno no se arriesga por temor a fallar. En el Silicon Valley, si te arriesgas y fallas lo llamamos experiencia, allá premiamos el intento.

En realidad no es un problema de dinero sino de educación, y no nada más de educación tecnológica, sino de educar a la gente para que sea creativa y emprendedora y de dar apoyo a quienes comienzan , agregó Diamandis.

Es decir, sin eufemismos, los dos desarrolladores de talentos nos llamaron timoratos o, peor, llanamente cobardes tanto en el terreno intelectual como en el de las inversiones de capital.

Y la frase me golpeó porque no dejo de notar una gran verdad detrás de ella. Voy a poner un ejemplo.

Perspectivas tecnológicas

El primer día de este año, en la sección Arte, ideas y gente publicanos una nota sobre las perspectivas en tecnologías de la información que se tienen para este 2013, dos de las cuales implican un cambio de interfaz entre los usuarios y las máquinas, las cuales ya son capaces de entender la voz y los gestos. Para esta última interfaz estoy citando aquí la nota sobre la empresa Oblong Industries, que ha hecho tanto la propuesta de las computadoras gestuales que usaron Tom Cruise en Minority Report y Robert Downey en Iron Man como de desarrollar este tipo de interfaces para el mercado.

Ahora bien, la computación gestual de Oblong está en fase de desarrollo y, de momento y desde hace poco, además de participar en superproducciones fílmicas, lo que vende es Mezzanine, un ambiente operativo que permite trabajar en colaboración en tiempo real.

La verdad es que cuando escuché hablar a John Underkoffler (director científico de Oblong que asistió también a La Ciudad de las Ideas), me dio la impresión que a la (muy cara) computación gestual que propone (que no incorpora la voz) todavía le falta mucho para llegar al mercado y cuando lo haga no parece que vaya a triunfar rápidamente.

En alto contraste con lo anterior, es muy posible que veamos antes en el mercado una especie de desarrollo de garaje de computación gestual que está haciendo una pequeña compañía alemana llamada Metrilus.

Metrilus tiene tres fundadores (jóvenes casi recién egresados de la universidad local, la Friederich-Alexander-Universität-Erlangen-Nürnberg) que son a la vez los tres empleados y los tres directores de las distintas áreas de la empresa, y desde el 2010 ya han creado algunos aparatos de imagen en 3D para la poderosa industria médica local (la universidad convive, cruzando la calle , con hospitales y empresas, una de las cuales es la inmensa Siemmens).

Los muchachos de Metrilus, en esa convivencia con médicos y desarrolladores, se dieron cuenta de que para los cirujanos en el quirófano es muy incómodo estar usando -con los guantes, la sangre y la necesidad de estar cuidado la esterilidad- el teclado de la computadora, el mouse o la pantalla táctil para ir viendo las imágenes necesarias para realizar la operación. Entonces, basados en Minority Report, planearon su propia versión de la computación gestual: el médico no necesitará tocar nada para pasar de una imagen a otra ni para ampliar o reducir alguna de ellas

A diferencia de Oblong, que parece estar buscando qué gestos son universales a toda la humanidad para poner en ellos todas las operaciones que se hacen con el teclado y el mouse, y que requiere de guantes especiales para interactuar con su sistema G-Speak están en contacto con los cirujanos para ver las acciones y procedimientos que requieren de las computadoras y los gestos que les son naturales y que pueden hacer en medio de una cirugía. En otras palabras, Metrilus tiene una idea muy clara de quién va a comprar su desarrollo y lo están haciendo de acuerdo a las necesidades de su público, mientras que Oblong está tratando the cambiar la forma en que la Humanidad se relaciona con las computadoras (cosa que, de hecho, ya hicieron al responderle a Steven Spielberg cómo sería las computadoras en el futuro cercano).

No digo que una forma de hacer las cosas sea mejor que la otra. Solo señalo que una compañía creativa muy pequeña (Oblong tiene un equipo directivo el doble de grande que Metrilus, sin mencionar al resto de los empleados) y con poco dinero puede no solo ser competitiva contra una grande y poderosa sino tener perspectivas de ventas mucho más seguras.

No creo que haga falta decir que los jóvenes de Metrilus empezaron usando el Kinect de uno de ellos para empezar a crear su desarrollo. Para mí es un ejemplo claro de lo que Ismail y Diamandis decían, no es tanto el dinero como la actitud lo que se necesita para crear desarrollos tecnológicos.

Triste conclusión

En la misma página donde estaban las notas de los desarrollos esperados para 2013 y de Oblong (Metrilus es solo para los lectores de mi blog) estaban las expectativas para México, que se podrían resumir en vender más tecnología importada .

Eso no quita que la noticia de que desde el Gobierno Federal se planea dar más apoyo (y dinero) a la ciencia, como se anunció el jueves pasado sea una excelente noticia, porque no toda la ciencia y la tecnología se hacen en los garajes con computadoras personales y juguetes, pero sería bueno que no se nos olvidara que al mismo tiempo se requiere que nosotros los ciudadanos tengamos otra actitud.