“El pasado siempre está presente. Lo llevamos en nuestros cuerpos. La historia la llevamos en las células de nuestros corazones”, dice un personaje de “Días de ira”, uno de los relatos del nuevo libro de A. M. Homes. El relato sería el titular del libro (en inglés lo era: Days of Awe), pero en la edición española de Anagrama (traducción de Andrés Barba), el libro se llama Días temibles y el cuento “Días de ira”.

En el relato, una escritora que ha hecho su carrera con novelas sobre el Holocausto asiste a un congreso sobre genocidio. Un congreso que se celebra en New Hampshire, patrocinado por una aerolínea, dos buscadores de Internet, una compañía de seguros, un antidepresivo (“A veces ser feliz no es tan difícil”) y una compañía de helados caseros.

La escritora se encuentra con un periodista de guerra, un viejo amigo, con quien discute, juega, tiene una aventura y contrasta sus maneras de ver el mundo. En su discusión sobre ficción y realidad, sobre dolor y catarsis, sobre el pasado el futuro y las trampas que solos nos ponemos, está en buena medida la clave del libro entero y el conflicto casi tautológico con que juega Homes, que siempre parece más cómoda en el triángulo esquivo entre el realismo, la parodia y la sátira.

Es fácil descubrir que Homes tiene un sentido del humor perverso, una facilidad por mirar a sus personajes con dureza, humor ácido y profunda empatía. Sus historias son sobre ellos, los personajes, pero sobre todo los seres humanos y sus cuerpos, culpas, placeres y el pasado que no pueden quitarse de encima. Son sobre el horror que permea la vida humana, el que se esconde detrás de nuestras más esquivas y falibles máscaras, sobre las estructuras que construimos para ocultarlo, para procesarlo, esconderlo en una caja o barrerlo debajo del tapete.

Un hombre escapa de una vida cotidiana que no puede soportar viajando al otro lado del mundo y del tiempo. El relato es “La última vez que lo pasó bien”, y el protagonista quiere ir a Disney para ver si entre las sillas locas y los personajes disfrazados encuentra la felicidad que se le extravió en la infancia.

La vida está llena de situaciones imposibles y Homes parece preguntarse cómo hacemos los seres humanos para sobrevivirlas, sobrellevarlas y seguir viviendo. Las familias son el soporte, el motivo, y el origen del dolor. En “Hermano dominical” un cirujano plástico debe soportar la visita de su hermano y la estela de destrucción que ensaya éste en su vida controlada.

En “¿De quién es la historia y por qué no puede sacársela de la cabeza?” una mujer se ve obligada a explorar su relación con su abuela en terapia, sólo encontrando alivio en un caramelo que le recuerda tanto el dolor como la ilusión que la llevó al desencanto.

En “Hola a todos” y “Ella se escapó”, conocemos a una familia rica de Los Ángeles que vive en traje de baño en una casa que ajusta la luz, la música y las imágenes de la pantalla según el miembro de la familia que cruza la habitación. La familia se refugia en la tecnología y en la superficialidad, para tapar el dolor y la muerte. Mientras la madre esconde sus líneas vitales haciéndose cirugía y retocando (igualando) las fotos familiares a su nueva versión, la hija adolescente marca su cuerpo buscando su propia identidad.

En “Todo genial menos por la lluvia”, dos mujeres se encuentran en un restaurante y se confiesan una a la otra sus crisis existenciales, mientras los platillos desfilan. “En estos tiempos la única manera de permanecer optimista es tomar partido por la oscuridad y luego sorprendernos gratamente”, dice una. Homes parece hacernos un guiño: ¿encuentran ellas alivio en la conversación o refugio de un mundo en que siempre llueve en el pudín de chocolate?

Uno de los relatos más brillantes se da en una sala de chat sobre periquitos, “Muestra nacional de pájaros”, donde algunos hacen preguntas técnicas, otros confiesan su soledad, uno reconstruye la guerra del medio oriente desde el frente y otra, una chica, una relación abusiva. Es un dialogo de sordos donde de pronto se encuentran conexiones. Paradoja que le gusta a Holmes, sus personajes no suelen conseguir comunicarse hablando.

Homes encuentra oro puro cuando decide volar todas las barreras del humor absurdo. En “Un premio para cada jugador”, una familia va de compras a una tienda masiva (tipo Costco), donde compiten entre ellos para encontrar ofertas y comprar inteligentemente. La parodia del consumo los lleva a extremos insospechados cuando encuentran un bebé abandonado en una pila de toallas y la gente que los rodea decide que el padre es el mejor posible candidato a la Presidencia del país.

Días temibles no es un libro humorístico, es una exploración que se vale a veces del humor para mirar sin contemplaciones la vida humana, las familias donde los hijos representan el dolor que los padres evitaron, donde encontramos consuelo en objetos que nos dan placer y también nos atrapan, un libro sobre el caos inherente a la sociedad humana, y los mecanismos en los que buscamos refugio temporal hasta que la oscuridad (inevitable) nos alcanza.

@rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).