Hay que recordar que Estados Unidos ya sobrepasó el nivel máximo de deuda permitido sin que se tomaran acciones para corregir este problema.

Una crisis en Estados Unidos garantiza, así, con todas sus letras, una crisis en los mercados mexicanos.

En México, hay una profunda preocupación por las repercusiones de la política partidista en el desempeño económico, porque sabemos que se han postergado decisiones importantes por atener las elecciones.

Y, por increíble que parezca, la mayor preocupación en estos tiempos respecto del impacto de la política en las finanzas no tiene que ver con los asuntos locales, sino con lo que ocurre en Estados Unidos.

Es un hecho que las elecciones mexicanas tuvieron su impacto en el ánimo financiero nacional. Durante las últimas semanas previas al día de votar, alguna encuesta cerró las preferencias electorales y eso, ciertamente, inquietó a los que invierten.

Las elecciones salieron muy bien en su organización, la autoridad electoral, los millones de ciudadanos que participaron en ellas y los otros millones de votantes aportaron certezas de institucionalidad a este proceso.

El resultado era previsible por las encuestas y por la reacción conocida de López Obrador. Así que, sin quitar el ojo de una posible reacción violenta del perdedor y sus huestes, la elección mexicana es tema superado.

Lo que inquieta es que, en la cerrada lucha por la Presidencia de Estados Unidos, demócratas y republicanos han retrasado la toma de decisiones y han dejado la enorme locomotora económica de ese país enfilada a caer drásticamente en menos de seis meses.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó sus perspectivas para la economía mundial, con una mala cara para los países desarrollados y una mejor perspectiva para muchas naciones emergentes, entre ellas, de manera destacada, México.

Pero durante la presentación del informe, el director del departamento de Estudios Económicos del FMI, Olivier Blanchard, dijo que a los riesgos que ya enfrenta el mundo podría sumarse el precipicio fiscal de Estados Unidos.

Y más que un augurio o una profecía, se trata de una observación de lo inevitable.

Hay que recordar que Estados Unidos ya sobrepasó una vez el nivel máximo de deuda permitido para esa economía sin que se tomaran acciones inmediatas para corregir este problema.

La respuesta fue ampliar el margen para seguir pidiendo prestado y crear un supercomité bipartidista que, supuestamente, se encargaría de planear la manera en que la economía más importante del planeta equilibraría sus cuentas fiscales.

El supercomité fracasó, como han fracasado tantas otras buenas intensiones de movilizar y corregir la economía estadounidense.

Los republicanos no esconden su repulsión a Barack Obama y, con ella, sus más negras acciones para frenar su Presidencia. No hay otra prioridad que sacar al demócrata de la Casa Blanca y recuperar el poder.

Los demócratas buscaron y ganaron la Presidencia y la mayoría, inicialmente, en las dos cámaras del Congreso para sacar a su país de la crisis. Y no han podido.

Con la obtención de los republicanos de una mayoría en la Cámara de Representantes, se ha dado una parálisis legislativa, digamos que al estilo mexicano pero en una maquinaria del tamaño de un mamut.

Lo único que lograron acordar, en caso de un fracaso de la negociación política, fue una especie de asiento de propulsión automática, como la de sus jets, que justo antes del choque se expulsa para salvar al piloto.

El botón rojo de la austeridad automática se activa con el primer minuto del próximo año. Implicaría un recorte tan drástico a la actividad económica estadounidense que se podría garantizar una recesión.

Más impuestos y menos gasto en piloto automático que no garantizan, sin embargo, que sean suficientes para corregir los enormes problemas fiscales de ese país. Y no lo garantizan porque la recaída recesiva podría frenar el flujo de impuestos al gobierno y obligar a gastos extraordinarios para la supervivencia de la población.

Es verdaderamente serio el problema que puede generar para ellos, para México y para el mundo, el hecho de que los políticos que ambicionan el voto de noviembre no hagan nada para evitar la explosión económica.

Y entonces sí. México podrá estar ahora un tanto aislado de la crisis europea por su baja relación comercial y financiera con ese continente, pero una crisis de ese tamaño en Estados Unidos garantiza, así, con todas sus letras, una crisis en los mercados mexicanos, en su comercio y en su economía en general.

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