Aparentemente no hay nada que no pueda pasar en este 2020. Sobretodo para los estadounidenses, que dieron el grito de independencia con la noticia, este sábado, de que el rapero Kanye West ha decidido ser candidato presidencial. En un momento en donde el país ha sido fuertemente golpeado por la pandemia y las protestas han estallado por el asesinato George Floyd a manos de la policía.

Mejor tiempo imposible para la aparición de un candidato afroamericano para capitalizar toda esta ira y terminar con el racismo con el que no pudo ni Obama.

El anuncio se hizo a través de la cuenta de Twitter del cantante, diciendo que “Ahora debemos cumplir la promesa de Estados Unidos al confiar en Dios, unificar nuestra visión y construir nuestro futuro. Me postularé para presidente de los Estados Unidos". También publicó una captura de pantalla en su cuenta de Instagram, y agregó el hashtag #2020Vision, que sin sonar descabellado, podría terminar funcionando como una especie de slogan para su futura campaña.

A lo que hay que agregarle que, tan sólo a pocos minutos después de haber publicado el tweet, Elon Musk, el dueño de Tesla, comentó que West cuenta con todo su apoyo.

Y yo que pensaba que era broma.

Pero ¿Tendrá de verdad alguna posibilidad de ganar el marido de Kim Kardashian? O ¿Sólo está destinado para dar show y quitarle votos a alguno de los candidatos ya conocidos?

Yo creo que por ahí va la cosa y al que más lastima es a Trump. Porque además de haber hecho públicas sus intenciones de convertirse en presidente desde el 2015, hay encuestas que prueban que desde que se ha convertido, en un conocido arrepentido Trumpista, atrae más a los afroamericanos y a los republicanos que a los demócratas.

Tal y como lo muestra una encuesta de CNN del 2018. En donde de 1,015 adultos encuestados, el 72% dijo que se interesaría en conocer algunas de sus propuestas políticas, tan sólo el 12% de los demócratas lo veían como una opción favorable, y 35% de los republicanos lo veían con buenos ojos.

Las matemáticas son evidentes.

Además de que las fechas para registrarse como candidato presidencial independiente en estados como Nueva York, Texas, Nuevo México, Indiana, Maine y Carolina del Norte ya pasaron, y esto complicaría más su victoria en el próximo mes de noviembre.

Por lo que se puede decir que el fin de la estrategia no es la victoria sino ganar puntos. De la misma manera en que lo hicieron candidatos presidenciales independientes anteriores, como Ross Perot en 1992 y 1996, y Ralph Nader en 2004.

Obteniendo el primero casi el 19% de los votos en 1992 United We Stand, America ('Unidos estamos de pie, América') y un programa populista de derechas. Mientras que el último, anunciaría su candidatura diciendo que "hay demasiado poder y riqueza en demasiado pocas manos”, y conseguiría tan sólo el 1% de los votos en el 2004.

Como se puede ver, la victoria no ha estado presente en las candidaturas presidenciales independientes y esta vez no será la excepción. Pero sin duda estará encaminada, a la victoria mayor de otros, que se traduce en que no gane Trump.

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie

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