Según Enrique Peñalosa, exalcalde de Bogotá e impulsor de un modelo urbano centrado en los peatones: Ninguna metrópolis ha resuelto los problemas de congestionamiento vial construyendo más vías rápidas y espacios para los autos . Cada vez más mega-ciudades comprenden que el problema de congestión no se resuelve creando más espacio para los vehículos, sino restringiéndolo enfavor de los peatones.

En todas las metrópolis, el tráfico sigue y seguirá siendo un problema grave. Sin embargo, las ciudades que han optado por privilegiar al peatón han logrado, al menos, mantener a raya el caos, forzando a quienes viven o trabajan en la ciudad a optar por el transporte público.

Lo anterior no ocurre nunca por gusto ni voto popular sino como consecuencia de la congestión y de políticas acertadas para favorecer el uso de medios de transporte colectivos.

En ninguna ciudad del mundo, la gente está contenta con el transporte público. De hecho, casi siempre lo odian, pero la alternativa de usar el coche se vuelve demasiado costosa en tiempo, dinero y esfuerzo.

A pesar de que en la ciudad de México somos mucho más pobres que los ciudadanos de Londres, Nueva York o Berlín, tenemos más vehículos que ellos. Al compartir el transporte y el espacio público se reduce la división entre ricos y pobres.

Si bien usar el coche se vuelve caro de manera natural por la congestión, las políticas dirigidas a encarecerlo aún más son el camino adecuado hacia ciudades más funcionales y humanas.

Las políticas con ese objetivo incluyen desde cargos por congestión para entrar a la ciudad en coche o en coches con menos de tres pasajeros hasta bajar los coches de las banquetas, ampliar ciclovías, eliminar bahías de estacionamiento, ampliar banquetas e incrementar las restricciones a la construcción de nuevos estacionamientos.

Las políticas probadamente fallidas son aquellas que para combatir la abundancia de coches les abren más espacio. Ejemplos de lo anterior son la construcción de más segundos pisos y otras inexplicables, como la última puntada de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para obligar a establecimientos a proveer dos horas de estacionamiento gratis, quién sabe cómo.

Transitar a un entorno más amable y con menos coches, sin obstruir el abasto y la economía de una ciudad construida para los autos es un reto que no nos queda otra que enfrentar si queremos vivir mejor.

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