Nunca en la historia como ahora se había dado un hecho deleznable. Rodolfo Torre Cantú fue acribillado junto a sus colaboradores cuando se dirigía a cerrar su campaña proselitista y esperar los comicios del próximo domingo en Tamaulipas, lo que define sin duda una mexicanización’’ de la violencia, similar a la colombianización’’.

Nada que ver con la ejecución de Luis Donaldo Colosio, caído en Lomas Taurinas –Tijuana, Baja California- el 23 de marzo de 1994, cuando era candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la República, porque pese a todo lo que se diga fue un crimen de Estado o de un grupo del crimen organizado.

¿Lo que es igual?

El presidente Felipe Calderón, que recién llegó a México tras su gira por Canadá, salió a dar un mensaje a nivel nacional, donde dijo que este crimen atenta no sólo contra un candidato, sino contra las instituciones democráticas’’, se refirió a los institutos políticos, claro.

Porque el embate contra hombres de las instituciones de las Secretarías de la Defensa Nacional (Sedena), Marina Armada de México (Semar), Seguridad Pública Federal (SSPF) y Procuraduría General de la República (PGR), es y ha sido desde el sexenio pasado igual, como en los últimos tres años y seis meses de Felipe Calderón.

El paso de clasificar al narcotráfico junto con los barones de la droga como un problema de seguridad nacional ante la presión o por quedar bien con el vecino país de Estados Unidos, a un problema de seguridad pública’’ hecha por el Presidente recientemente, no beneficio en nada el panorama de inseguridad.

¿Dónde están las fuerzas federales creadas para evitar un desaguisado de ésta naturaleza?

Los militares envueltos en broncas con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), con una flácida defensa del provocador Fernando Gómez Mont y la búsqueda por todos los medios para exculpar los errores de la lucha contra el narcotráfico, no han servido de nada.

Hoy es más imperante conocer qué va a proponer el Ejecutivo Federal, pero también de los gobernadores del país, que se quitan los problemas echando la culpa a la Federación, porque no han hecho la tarea de disminuir la violencia, el crimen y las pandillas, pero si gastan todos los recursos para hacer promocionales sobre las bondades de sus Estados’’ como ocurre con el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández.

No es el único. Son todos los gobernantes del país, incluyendo Marcelo Ebrard en la Ciudad de México, que están más ocupados en la lucha por el poder, que poder resolver los problemas de inseguridad que padecen los más de 108 millones de habitantes, quienes podrán aumentar, sí el INEGI logra concretar el Censo Nacional de Población.

Los ejecutados siguen a la alza, ya van más de 25,500, aunque sea entre ellos. Pero también se cuentan más de 500 policías municipales, estatales, federales y militares, de esos, unos 200 elementos de la Policía Federal han muerto tan solo en tres años y medio del gobierno de Felipe Calderón.

COMMODATO

Entonces, no nada más están en riesgo las instituciones democráticas, léase partidos políticos registrados en el país y reconocidos por los Institutos Electorales nacionales, sino las instituciones que dan forman al Estado, municipios y 31 Estados.

Qué en paz descanse el candidato de la Coalición Todo Tamaulipas’’, integrado por el PRI, PVEM y PANAL, así como al legislador con licencia Enrique Blackmore, Aurelio Balleza, David Castelo, Dante Quiroz y Gerardo Subiate, y los mejores deseos a los otros cuatro acompañantes que luchan por su vida en el hospital General de Tamaulipas.

El más sincero sentimiento solidario a las familias de todos ellos. Imaginamos cómo se encuentran, más aún Laura de la Garza, sus hijos Laura, Rodolfo y Paulina Torre, quienes respaldaron a su padre, el truncado candidato y casi ganador de las elecciones del domingo próximo: Rodolfo Torre Cantú, en sus sueños democráticos.