Menos mal que los consumidores mexicanos son tan pesimistas y desconfiados, porque si no ya tendríamos un problema inflacionario por las compras frenéticas.

La encuesta de confianza del consumidor es una enorme contradicción con los datos de ventas al menudeo de las cadenas comerciales, es un contrasentido con las ventas de autos nuevos en el mercado interno a razón de un crecimiento anual de 19 por ciento. Y ese recelo con el que se sigue viendo la condición actual y futura del hogar y del país tiene poco que ver con el crecimiento del crédito al sector privado que hemos visto en este año.

La gráfica de crecimiento del financiamiento privado es, permítame la expresión, hermosa. De entrada, muestra un crecimiento compatible con una economía como la mexicana, que tiene enorme margen de bancarización y bajas tasas de consumo.

El financiamiento de la banca privada en México creció 9.3% hasta octubre, cuando la economía tiene una expectativa de crecimiento de 2.5 por ciento. Esto respalda la realidad de que es el mercado interno el que está moviendo a la economía.

Pero dentro de ese crecimiento hay una tendencia de recuperación del crédito al consumo, con una tasa sana de aumento de 5.6%, y no ya los incrementos de 20% del 2012, que hoy resultarían angustiantes.

El crédito a la vivienda, que solía ser de los más modestos en su crecimiento, tiene un aumento ahora muy cercano a los dos dígitos. Con la virtud de que las tasas de interés en este rubro son las más bajas de la historia, son tasas fijas, las garantías y su ejecución son un poco más claras, hay que agregar que la casa es uno de los máximos valores en la cultura mexicana.

Y mejor todavía es que el crédito a las personas físicas con actividad empresarial y a las empresas es el que tiene el mayor crecimiento, lo que implica el otorgamiento de créditos que sirven para la inversión productiva. Como añadidura a este rubro crediticio, tiene una de las tasas de morosidad más bajas del sistema.

Esta fotografía casi de paisaje tiene, sin embargo, sus manchas negras y están en algunos apartados del crédito al consumo.

Los créditos automotrices se han disparado de forma notable, a la par del espectacular crecimiento de la venta de autos (y del tráfico). Pero ésa es una cartera sana por esa concepción del auto como una parte importante del patrimonio familiar.

Pero hay rubros como los créditos personales o los de nómina que son hoy un foco de alerta. Pero el foco amarillo se enciende en los tableros de las familias, no del sistema bancario.

Si vemos el tamaño de la cartera vencida en estos rubros del crédito al consumo, no le hacen ni cosquillas a la banca. Pero si sigue creciendo implicará una contaminación al resto de esa cartera y de otros créditos a personas físicas.

Pero las familias que aceptan sin reflexión un crédito personal, porque el banco les mando una preautorización o si aprietan dos botones en el cajero automático se hacen de cantidades destinadas al consumo que comprometen mensualmente una parte de sus ingresos.

Ésta es una preocupación más social que financiera que hace el Banco de México. Puede ser un hilo de media si no se atiende el tema, pero es sobre todo una desgracia para las familias más pobres que se meten en problemas con los bancos.