Si pudiéramos viajar en el tiempo, ¿viajaríamos al pasado buscando modificar alguno de esos momentos que definieron nuestra vida, las de nuestra familia o la historia del país? O nuestro interés estaría en viajar al futuro para descubrir lo que nos depara el porvenir.

La preguntas conectan tanto con la añoranza humana de preguntarnos qué hubiera sucedido si en aquella tal y cual circunstancia hubiéramos actuado de manera diferente; como a la imposibilidad de saber si nuestros planes, decisiones y esperanzas tendrán una resolución positiva en el futuro.

Desde que H.G. Wells inventara su máquina del tiempo en 1895, y diera inicio a la tradición de la ciencia ficción del viaje temporal a través de la tecnología mecánica, creadores literarios, televisivos y cinematográficos han jugado con la posibilidad y la imaginación de su público.

El género tiene muchas variantes, desde la precognición (que implica viajes al futuro en sueños); los bucles temporales donde los personajes son atrapados en una realidad que deben repetir una y otra vez; las paradojas que se cuelgan del llamado “efecto mariposa” (también conocido como la “paradoja del abuelo”), donde viajamos al pasado y cambiamos algo con imprevisibles consecuencias); hasta otras tramas como el turismo temporal, las guerras del tiempo y demás.

En televisión, las primeras series en jugar con estas posibilidades fueron Alfred Hitchcock presenta (1955-1962) y La dimensión desconocida (1959-1964), aunque en episodios aislados.

Quizá fue El túnel del tiempo (1966-67) la primera en adoptar el viaje temporal como la premisa fundamental: dos científicos (Tony y Douglas) quedaban atrapados en una máquina temporal que los enviaba con oscuros designios a momentos clave en la historia de la humanidad.

Ya para Lost (2004-10), se implicaban paradojas y errores temporales que complicaban la trama de forma imprevisible.

La misma 12 Monkeys (2015-2018), serie basada en la película de Terry Gilliam (a su vez basada en el cortometraje experimental francés La Jetée), se apropiaba de una de las paradojas posibles: el bucle amarrado a una idea aún más antigua: la inevitabilidad del destino.

La reciente Timeless (2017-) retomó la exploración de las posibilidades y paradojas de la modificación del pasado con un máquina cuántica. Especialmente cuando esta corre a cargo de un siniestro grupo con agenda propia y un grupo casi heroico que busca impedirlo.

El viaje en el tiempo se puede abordar desde la perspectiva científica/cuántica (ciencia ficción todavía) y la perspectiva fantástica, donde un personaje que duerme o viaja, despierta en un tiempo distinto. Pensemos en Mark Twain y su Yanqui en la corte del rey Arturo.

La espléndida serie española El ministerio del tiempo (producción de Radio y Televisión Española, disponible en México a través de Netflix), parte de una premisa a medio camino de la ciencia y la fantasía. Un ministerio secreto a cargo de la corona española, que desde épocas remotas está a cargo de una una serie de puertas a través de las cuales es posible viajar en el tiempo para que nadie modifique la historia española.

La idea de las puertas del tiempo pudo haberse inspirado en Las puertas de Anubis, novela de culto de Tim Powers, o un en alguna de las premisas esotéricas de Doctor Who (aunque la legendaria serie británica incluye también viajes en el espacio, extraterrestres y todo un abanico de escenarios futuristas).

El ministerio del tiempo fue creada por los hermanos Javier y Pablo Olivares, con experiencia en los dramas históricos de TVE (ambos escribieron la serie Isabel en 2011 sobre la reina católica).

La serie juega con todas las variantes del viaje temporal. El si hubiera, las paradojas, los bucles, y las conspiraciones. El equipo de Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda), un soldado de la guerra de Flandes, Amelia Folch (Aura Garrido), una de las primeras mujeres en estudiar la universidad a finales del siglo diecinueve. Y el médico/fotógrafo Rodolfo Sánchez (Julián Martínez), forman el equipo estrella.

Cada personaje vive en un tiempo distinto y sólo son convocados cuando hay que atender una crisis de índole histórico. Hay mucho humor, ingenio y buena química en el elenco, y los guiones de los hermanos Olivares son inteligentes sin naufragar en los lugares comunes, ni del thriller histórico o de las variantes ya socorridas por la ciencia ficción.

Al limitar el uso de las puertas al gobierno y al pasado histórico, los Olivares consiguen que su concepto sea fresco y al mismo tiempo lleno de posibilidades atractivas.

Particularmente porque sus personajes no siguen las reglas y se valen del acceso para explorar sus propios asuntos. Sólo en los primeros episodios los héroes deben rescatar a Lope de Vega, intervenir en un pacto entre Hitler y Franco, y resolver un complicado bucle frente a la Inquisición española.

El ministerio del tiempo fue renovada, en diciembre pasado, para una cuarta temporada (las primeras tres ya están disponibles).

Twitter: @rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).