En el terrorismo subyace el mensaje.

El asesinato del científico Mohsen Fakhrizadeh el pasado viernes a plena luz del día en una pequeña ciudad al este de Teherán también libera varios mensajes. El científico iraní viajaba en su coche acompañado por varios guardaespaldas, una camioneta que iba a lado de su coche estalló y desde otro automóvil le dispararon. Fakhrizadeh fue trasladado a un hospital donde murió pocos minutos después.

Fakhrizadeh era un actor clave en el programa nuclear de Teherán, miembro de las Guardias Revolucionarias (ejército ideológico iraní), y enemigo público del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.

Según el especialista de la inteligencia israelí Yossi Melman, Fakhrizadeh había escapado de varios intentos de asesinato (Le Monde, 29 de noviembre).

Netanyahu señaló a Fakhrizadeh como el creador intelectual del programa nuclear de Irán y para aportar pruebas hizo públicos documentos obtenidos por el Mossad en 2018.

¿Cuáles son los mensajes que libera su asesinato?

El principal: construir un laberinto entre el presidente electo Joe Biden y el acuerdo nuclear con Irán, negociado por Barack Obama y fracturado por Donald Trump.

Es claro que Netanyahu no desea el regreso de Estados Unidos al acuerdo firmado también por Francia, Reino Unido, China, Rusia y Alemania.

Faltan 50 días para que Biden llegue a la Casa Blanca. La intención de Trump después de las elecciones presidenciales que perdió era lanzar un ataque a Irán, según publicó The New York Times hace un par de semanas. El objetivo es desestabilizar a Irán para que los radicales islámicos presionen al gobierno de Hasán Rohaní de romper el acuerdo y la posibilidad de aliarse con Biden a través del mismo.

Trump invitó a Netanyahu a la Casa Blanca pocas semanas antes de las elecciones y le prometió que con su victoria no habría vuelta atrás en las decisiones que había tomado en contra del acuerdo nuclear. Pero su derrota cambió todo el panorama en Irán. Se espera que Biden se reintegre al acuerdo.

El segundo mensaje es enviado a los firmantes del acuerdo que han cerrado filas con Irán. Desde 2018 Netanyahu ha insistido a los europeos que Irán presenta a Mohsen Fakhrizadeh como un profesor de la Universidad Imam-Hossein en Teherán. Insiste en que nunca ha querido entrevistarse con los investigadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) pese a la insistencia de los mismos. Teherán ha negado vínculos militares con su programa nuclear.

El tercer mensaje enfoca al único interés que tiene Trump en materia de política exterior en los próximos y últimos 50 días de su gobierno: Israel.

La filtración desde el gobierno de Netanyahu sobre un viaje secreto a Arabia Saudita hace 10 días se asimila en la intención de Estados Unidos de promocionar la firma un acuerdo histórico entre Riad y Tel Aviv.

El acuerdo nuclear impulsado por Obama fue el más importante que firmó durante sus ocho años de gobierno por una simple razón: logró que Irán se sentara en la mesa después de viarias décadas de malas relaciones entre los dos países.

Es claro que la política exterior de Trump ha fracasado como pocas veces se haya visto, tomando en cuenta el poder geopolítico de Estados Unidos.

Es cierto, Biden podría presionar a Irán a través de la OIEA para que cumpla con lo acordado en 2015 en materia nuclear, pero si continúa con la política de Trump estaría destinado a fracasar en materia de seguridad.

Netanyahu se irá del gobierno en un año y medio por acuerdo con la coalición con la que está obligado a gobernar. La acumulación de casos de corrupción lo ha debilitado.

Por su parte, Trump y su yerno, el inexperto en política exterior, se irán en 50 días.

A Irán le conviene resistir.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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