Arrancamos diciembre, así de rápido, pero antes de ponernos festivos terminaremos este revuelto 2019 que no se va a ir sin dar nota. Pondremos especial atención al día 15, fecha en la que entrarán en vigor aranceles por más de 150,000 millones de dólares equivalentes restantes de comercio más lo que se acumule en caso de que no se logre un acuerdo fase 1. Los chinos tienen calma y los norteamericanos ganas de llegar a un acuerdo antes de la fecha.

Sin embargo, en el fondo ambas naciones quieren tener este tema tratado no por lo que van a ganar, sino por lo que tendrán que perder para acomodarse y de momento parecería que quien paga el mayor costo de corto plazo es China. Eso es relativo porque desde la óptica de EU, han sido ellos quienes han cargado con el mayor peso de una relación comercial desbalanceada, y tienen razón.

El tema no es ser juez y menos parte, lo elemental a destacar es que está en juego un mundo de dinero equivalente en comercio agrícola y pecuario entre ambas naciones, los chinos tal vez tienen la desgracia de estar padeciendo un brote incontrolable de peste porcina, pero eso a su vez les ha permitido ser menos dependientes de la importación de frijol soya, que es en toda línea el artículo agrícola de más volumen y equivalencia de dinero. EU ha desarrollado sistemas productivos en tierras marginales dedicadas casi al servicio agrícola de los chinos y eso lógicamente ha golpeado a estas zonas de manera irreversible.

Es muy irónico hablar de soberanía en estos días, los chinos usan más de la mitad de la tierra arable del planeta, lo anterior implica que si sumamos la tierra dedicada a proveerle algún alimento a los chinos, resultaría que, con la potencia del consumo, el planeta le ha dedicado la mitad de sus activos más preciados a China y eso les da un margen de maniobra enorme. China lo que más necesita y menos tiene es tierra equivalente alimento, y aun cuando es lo que más necesita, paga el uso de ésta a valor de commodity.

El midwest norteamericano, la pampa argentina, las planicies cariocas y los valles rusos y europeos valúan sus tierras más preciadas en razón de la rentabilidad agrícola que a granel pierden su valor equivalente riqueza real, ¿sabes por qué? China es grande, pero es una y encima de eso se manda por decreto. China no tiene más que moverse en tono de una sola política de Estado y en esa se monta una maquinaria enorme de producción y consumo.

El resto del mundo no tiene cómo unirse para hacerle saber a China que el precio no lo pone el que lo necesita sino el que tiene, y como ese efecto es imposible de lograr en tiempos donde la agenda del mundo tiende a proteccionismo y desglobalización. El resto es sencillo de determinar, por ello decimos que los chinos tienen calma de momento y los norteamericanos ganas, pero eso puede cambiar rápidamente porque a los dos se les está terminando el tiempo y los mercados, así lo reconocen, un desencuentro comercial entre ambas naciones a México le viene bien si eres consumidor, pero mal si eres productor.

Sin el mercado chino para EU, México se convierte en el patio trasero y nos inundarían con productos agropecuarios en una catarata. Sin embargo, si los chinos y los norteamericanos arreglan el tema y los chinos se surten la tienda en EU, entonces serán los sudamericanos los que nos inunden.

¿Ya viste como se juega esto? Es el tema delgado de la producción temporal multiplicada y la demanda estacionada. Los grandes operarios de fortuna “cártel de Wall Street” han perdido interés en el mercado de commodities, simplemente hay mucho por todos lados y con la peste porcina en China y sus contagios regionales, la demanda de proteína vegetal se complica y mucho, la pregunta es quién surtirá el faltante de cárnicos en China, la respuesta de corto plazo es que ellos, porque tienen aún refrigerados; sin embargo, de largo plazo el tema no es favorable para los chinos porque no hay carne de cerdo en el mundo que surta lo que están necesitando.

Sin duda ya te confundí en todos los tiempos porque entre corto y largo plazo no hay ganadores, sólo perdedores, las negociaciones tienden a eso, a que sean negociaciones; sin embargo, en este momento, lo que impera es una contante medición de la vara con que se van a golpear y el tanteo del impacto en términos económicos. Nadie gana y en medio, atentos estamos comentando la noticia.

Los norteamericanos tienen claro que Sudamérica en su conjunto es una amenaza por la competencia agrícola, el presidente Trump ha puesto aranceles a la importación de acero y aluminio a Brasil y Argentina, la devaluación del Real, y el peso argentino le restan competitividad al campo norteamericano y la Casa Blanca ya no quiere más de esa medicina.

¿Será que México tendría que pensar en efectos compensatorios similares para equilibrar al campo mexicano? Una premisa que sólo puede quedar en el aire porque ofrecerla en el conjunto de la macro relación entre las citadas naciones es irreal. Y, aun así, el campo mexicano compite en desigualdad, sin política agrícola comercial clara, y un toque enorme de paternalismo... que es malo y qué bueno, etiquétalo tú, y súbelo en tu estatus de red social.

Ánimo.

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