La cifra puede ser un poco exagerada, pero es un hecho que después de dos años de gobierno y después de las profundas crisis de salud y económica que estamos enfrentando, el presidente López Obrador mantiene un apoyo mayoritario de la gente.

No es fácil explicar ese apoyo cuando gran parte de la población considera que el gobierno no va bien en seguridad, economía, empleo y que más de la mitad de la gente piensa que el manejo de la pandemia no ha sido la correcta.

Se oyen frecuentemente comentarios señalando que la gente lo sigue apoyando porque son ignorantes y están mal informados, sin embargo, nunca había habido, a dos años del sexenio, un ataque tan fuerte y sistemático contra el gobierno como el que se ha dado.

Pienso que el ataque tan directo que se ha hecho contra su persona sólo ha fortalecido el apoyo de aquellos que creen en él. El hecho es que la mayor parte de la gente sigue creyendo en la palabra de López Obrador y lo sigue viendo como una esperanza para cambiar la realidad en que viven, a pesar del aumento de la pobreza.

El propio presidente, como estrategia política, ha dividido al país entre los que lo critican y se oponen al cambio, conservadores, y los que quieren una transformación, y lo apoyan, liberales; en el fondo ha creado una división entre las clases sociales: altas que se oponen y las clases populares en las que el presidente basa su apoyo y popularidad.

Los que critican al gobierno, lo hacen por programas y decisiones que en muchos casos son muy bien vistas por la gente, como son las obras de infraestructura, Tren Maya, refinería, Tren del Istmo y el aeropuerto de Santa Lucía, así como las decisiones de desaparecer los fideicomisos o usar todos los fondos para canalizar esos recursos a la pandemia y a programas sociales, decisiones que han sido muy cuestionadas por sus críticos y seguramente muy bien vistas por la mayor parte de la población.

Hay varios ejemplos en donde las críticas han sido totalmente contrarias a lo que opina la gente, el caso de la rifa del avión presidencial o las consultas populares, han sido descalificadas por los críticos, pero seguramente muy bien recibidas por la mayoría de la gente.

Algo similar sucede con la economía. Para los críticos, las cifras macroeconómicas y las perspectivas de mediano plazo son una gran preocupación, pero para la gente común y corriente las crisis económica y la de empleo no son culpa del gobierno y creen, como dice López Obrador, que lo peor ya pasó y la recuperación vendrá en el corto plazo. Lo cual es en parte cierto, ya que lo que sigue será salir del hoyo en que caímos y aunque tarde mucho tiempo, cada día será mejor o menos malo.

Por eso lo dicho por el presidente de que la pandemia les cayó como anillo al dedo es totalmente cierto en términos económicos y políticos, la gente culpa a la pandemia de la caída de sus ingresos y la pérdida de empleos, y agradece al presidente el que en medio de la crisis haya tomado recursos, de donde sea, para apoyar los programas sociales.

Debemos dejar de pensar que la gente que lo apoya es ignorante o está mal informada, la gente que lo apoya ha sido beneficiada por programas sociales y éstos tienen mucho más valor cuando se enfrenta una crisis como la que está sorteando la mayoría de la población.

López Obrador toma decisiones en función de lo que quiere la gente; por lo que si queremos derrotarlo tenemos primero que entender por qué la gente lo sigue apoyando.

Demetrio Sodi

Político mexicano

Desde la cancha

Ciudadano interesado en las soluciones para el país y la Ciudad de México. Político mexicano, ha sido diputado federal (1988-1991), senador (2000-2006) y jefe delegacional de Miguel Hidalgo (2009-2012).

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