Mi marido siempre me decía que no perdiera la “conciencia del entorno” cada vez que me distraía y se trastocaba un poco mi brújula de acciones y preocupaciones ¡Cuánta razón tenía! 

El conocimiento de lo que nos rodea, de qué nos está pasando y la capacidad que tenemos de planificar y prever situaciones era parte ya del equipo indispensable de los homínidos para lograr un conocimiento confiable y sobre todo seguro, en medio de la amenazante realidad en la que se movían hace millones de años. 

La conciencia y la planificación del futuro nacen como habilidades imperiosas para la sobrevivencia. Nuestro cerebro necesitaba urgentemente darse cuenta de lo que sucedía afuera para vislumbrar su futuro y al mismo tiempo ser capaz de detectar cualquier variación por pequeña que esta fuera para poder seguir adelante en medio de las acechanzas de la existencia. Las cosas no han cambiado mucho.

Hoy, mientras escribo estas líneas la necesidad de tener consciencia sigue siendo la misma de entonces, continuamos en este mayo del 2021 en un medio hostil tratando de sobreponernos a los peligros, lograr la supervivencia y seguir adelante.

Los humanos (decía el gran astrofísico y divulgador de la ciencia Carl Sagan) no somos más que polvo de estrellas, pero, agregaría un neurocientífico,  sabemos que lo somos y además nos damos cuenta de que polvo o no, estamos aquí y ahora. 

Y si, aquí estoy muy preocupada por las terribles variaciones de mi entorno que me hacen imaginar un 7 de junio conflictivo. En medio de una pandemia que no termina de controlarse, de una crisis económica como no se había vivido hace más de cien años en nuestro país, con una inseguridad creciente que cuesta diariamente muchas vidas y con un gobierno insensible y sin empatía, nos enfrentaremos (con todo esto a cuestas) a un proceso electoral gigantesco en donde nos va mucho, si no es que todo, en juego.

Las señales son muy inquietantes por parte de la autoridad: ataques y descalificaciones directas y contundentes al órgano electoral, amenazas a líderes de opinión y medios de comunicación, una ciudadanía dividida y enconada, la violación plena y consciente de las leyes electorales y, lo peor, una falta de solidaridad y compasión por los que sufren. El cóctel es explosivo y no me hace más que reforzar que consciente o inconscientemente está todo dado para la generación de un conflicto post electoral. 

Parte del chiste y la gracia de la democracia, es que se gana o se pierde, se asume el triunfo o el fracaso y finalmente se acepta, aunque sea a regañadientes, lo que decide la mayoría. 

Antes de que existieran las leyes, los conflictos por dominar o gobernar se resolvían a punta de lanza y prevalecía la ley del más fuerte no del que tenía razón o era el más popular. Recordemos simplemente las terribles escenas del Capitolio en Washington de hace unas cuantas semanas, para ver la violencia que desata un mal perdedor, populista y autoritario. Eso no es democrático.

El presidente de México ha trabajado durante meses para ir creando una serie de tensiones contra el INE, que han logrado soliviantar profundamente a sus seguidores en contra de esta institución que tanto esfuerzo nos costó construir. Buena parte de sus consejeros, incluido en primer lugar Lorenzo Córdova, han sido blanco de los ataques del jefe del ejecutivo quien ha metido las manos en el proceso electoral de Nuevo León y ha aceptado públicamente haber violado las leyes electorales de nuestro país.

El 6 de junio, ya que cierren las casillas y comience el recuento de votos, me dicen mis instintos y mi conciencia, que iniciará un grave conflicto postelectoral. Muy a mi pesar, todo me hace suponer, que comenzará simultanea y abiertamente la demolición anunciada del árbitro autónomo, con el que hemos contado ya por muchos años, en los procesos electorales.

¡Maldita conciencia! que me hace concatenar datos y ser capaz de predecir el problemón que enfrentaremos el 7 de junio. 

Pero… quizá me equivoque y en estos tiempos revueltos, aunque sea por un momento, logre ser simplemente ese polvo de estrellas y no vea ni me pregunte nada más. ¡Ojalá!

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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