Esta semana tuve el honor de compartir con varios expertos del mercado mexicano sobre la situación de la llamada 5G en uno de los paneles del congreso Convergencia Show México, titulado “5G ¿Cuándo, dónde y para qué?”. El panel sirvió para presentar distintas perspectivas sobre las grandes oportunidades y desafíos con los que cuenta la nueva generación de tecnologías antes de su desembarco en tierras mexicanas.

Durante mi intervención, me limité a tratar de responder las tres preguntas. Siendo la primera la más fácil de todas: ¿Cuándo tendremos 5G? Aquí hice un aparte, el primero era para señalar que si estábamos hablando a niveles latinoamericanos la pregunta llega un poco tarde, pues en Uruguay se anunció el lanzamiento comercial de 5G hace unos pocos meses. Si la pregunta se refiere a la llegada de 5G a México, la situación cambia un poco, pues históricamente el país no se ha situado entre los líderes en el lanzamiento comercial de una nueva generación tecnológica de servicios móviles.

Por el contrario, México siempre se ha ubicado con ese grupo que lanza la tecnología luego de los pioneros tecnológicos y esto ocurre casi siempre después de 12 a 18 meses del primer lanzamiento en América Latina. Bajo estos parámetros, deberíamos tener la primera red comercial de 5G en México a más tardar en el 2021, pero con grandes posibilidades de que sea lanzada antes la tecnología para servicios inalámbricos fijos. Claro que las fechas podrían cambiar dependiendo de la disponibilidad de dispositivos que puedan usarse con la nueva tecnología.

La segunda pregunta se limita a cuestionar: ¿Dónde 5G? Mi respuesta comenzó aclarando que, contrario a tecnologías anteriores, el objetivo final de 5G no son los seres humanos. Las especificaciones técnicas que tendrá el IMT-2020 indican claramente que el objetivo de las nuevas redes es lograr conectar hasta 1 millón de dispositivos por kilometro cuadrado. Para poder entender la magnitud de esta capacidad, es como si el estado de Chiapas pudiese albergar cuatro veces la cantidad de líneas móviles actualmente en operación en todo el planeta.

Este cambio de paradigma, palabra que pudo causar incredulidad en algún colega panelista, implica que el objetivo de las redes 5G es poder soportar el advenimiento del Internet de las Cosas. Este concepto es un hermoso eufemismo para todo lo que se conoce en el sector de telecomunicaciones como transformación digital. La famosa transformación digital se refiere al uso de tecnologías y aplicaciones digitales en todos los segmentos productivos de la economía para hacerlos más eficientes.

Dentro de este esquema donde las conexiones se contabilizan de manera agregada en un incremento en los próximos años, de 10, 20 o 30 líneas celulares de Internet de las Cosas por cada una conectando a un ser humano, este fenómeno eventualmente puede llegar a alcanzar de forma agregada una generación de tráfico lo suficientemente atractiva para que el retorno de inversión sea positivo en una cantidad razonable de tiempo. En otras palabras, en localidades que en estos momentos no justifican con seres humanos el despliegue de una red, en un futuro la aparición de forma agregada de grandes cantidades de tráfico puede llegar a justificar el despliegue de una red en esa misma región.

La última pregunta es la que causó más reflexión entre los panelistas: ¿5G para qué? Aquí reiteré que, como el 5G apunta a la transformación digital, su modelo de crecimiento será distinto al de tecnologías anteriores, apareciendo inicialmente algunas islas conectadas dentro del territorio nacional. Sin embargo, de forma más cercana los despliegues de 5G que veremos en la región seguirán enfocados a la oferta de servicios inalámbricos fijos y cuando lleguen los celulares a un precio asequible para la mayoría de los usuarios.

* José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.