Las campañas 2018 entran a la recta final de una elección compleja que renovará más de 3,000 cargos locales y federales el mismo día. Se agotaron ya dos tercios de competencia y queda sólo un mes antes de abrir las urnas para que más de 89 millones de electores podamos decidir en libertad quién o quiénes nos representarán o gobernarán.

No hay desinterés de la población ni falta de espacios para colocar en la agenda pública los ángulos comiciales que ha decidido cada actor político, de ellos depende la calidad o nitidez de argumentos que ponen sobre la mesa para nutrir la discusión permanente que ha estado activa para evaluar las ofertas en juego.

Desde que iniciaron los procesos internos en los partidos, el 14 de diciembre y hasta el domingo 1 de julio que salgamos a votar, se habrán transmitido 59.7 millones de promocionales electorales en las 3,111 señales de radio y televisión instaladas en todo el territorio nacional; además, la cobertura periodística que monitorea la UNAM nos dice, en su último corte del 13 de mayo, que las candidaturas presidenciales han tenido más de 2,443 horas al aire en los principales noticiarios de toda la república, a eso debemos sumar dos debates presidenciales con una considerable audiencia televisiva que superó los 11.4 millones el 22 de abril en el Palacio de Minería de la CDMX y los 12.6 millones de televidentes en la segunda escala, el 20 de mayo en el campus Tijuana de la UABC. Falta un debate más el 12 de junio en Mérida, Yucatán.

Las condiciones de competencia no acusan hasta ahora un terreno con asimetrías pronunciadas o entornos de inequidad informativa, hay atención ciudadana a lo que ocurre en los comicios y son los candidatos quienes protagonizan la deliberación y no las decisiones del árbitro o de los jueces. Han existido múltiples espacios para poner sobre la mesa temas o posturas en medios masivos y estas elecciones han marcado el repunte de los debates como instrumento en elecciones locales y federales distintas a la presidencial.

Hoy no sólo es habitual sintonizar mesas periodísticas con voceros de uno u otro partido o candidatura detallando la visión de gobierno o representación legislativa, también aumentan los encuentros cara a cara con formatos más flexibles y para cargos a los que antes no les eran comunes: diputaciones locales, senadurías, alcaldías, gobiernos locales. No son sólo debates presidenciales.

La cuenta regresiva es de 33 días, un tiempo en el que ningún competidor debe soslayar la oportunidad de alimentar con la mayor claridad posible su abanico de propuestas y soluciones en espera de lograr identificación, respaldo de la sociedad expectante de respuestas, ocupada en valorar ofertas y decidir.

Hemos tenido una campaña llena de vitrinas informativas, con redes sociales vigentes y espacios amplios en medios tradicionales. Las noticias falsas han encontrado equilibrios, antídotos que les han hecho frente como el proyecto Verificado 2018 al que se han sumado decenas de medios reconocidos. A estas alturas, a cuatro semanas, creo que hay alternativas para mantener la discusión electoral focalizada en las candidaturas, espacios suficientes para allegarse de datos con pluralidad y asumir que las definiciones que expresen los votos habrán tenido mucha más información que otras.

Ahí está también la plataforma Voto Informado que la UNAM presenta con el apoyo del INE para ofrecer información fundamental sobre los candidatos y las elecciones. El 1 de julio estamos llamados a votar en plena libertad, con información suficiente y con el compromiso de participar en una de las decisiones colectivas más importantes de la historia reciente. Queremos funcionarios electos con capacidad para resolver la problemática nacional, pero antes debemos demostrar que somos ciudadanos que sabemos elegirlos.

*Consejero del Instituto Nacional Electoral.

Twitter: @MarcoBanos

Marco AntonioBaños

Consejero del Instituto Nacional Electoral

Columna invitada