Vivimos en una época donde no queremos escuchar opiniones discordantes. No nos interesa leer y mucho menos pensar críticamente. La atención luego de pocos segundos comienza a deteriorarse pues nos cuesta tratar de entender todo aquello que no esté digerido y suministrado en cápsulas audiovisuales. Para eso, buscamos aquellos productores de contenido que miren al mundo desde la perspectiva propia. Lo diferente se rechaza, no sirve e infesta.

El mundo digital nos regala la capacidad de vivir en ese tipo de burbuja, una sociedad de micro-realidades simultaneas que interpretan al mismo evento desde contextos totalmente disimiles y en los que muchas veces falta no tan sólo información sino humanidad. Esa humanidad que nos aleje del fin que justifica los medios, de la megalomanía, del racismo y la xenofobia.

Paradójicamente cuando el acceso a la información se hace más fácil que en cualquier momento histórico pasado, es cuando más perdidos nos encontramos. Goebbels estaría feliz de ver cómo sus doctrinas de la desinformación sirven para justificar actos que en cualquier otro momento histórico de los pasados 50 años habrían sido definido como generados por el odio. Aquí las redes sociales tienen, como el jardín de los senderos que se bifurcan, dos objetivos primordiales.

Para algunos, servir de herramienta de investigación que ayuda en develar la verdad. Para otros, es la mejor manera de difundir su propaganda, justificar sus mentiras y presentarse como salvadores de la tragedia del presente. Como bien lo dijo Mussolini antes de instalar un gobierno fascista en Italia y de ser plagiado en el presente: hay que drenar el pantano.

Gracias a Internet vimos que el proceso de drenar el pantano del presente incluía llamar a los mexicanos drogadictos, violadores y ladrones. Razones suficientes para que cualquier persona de ascendencia latinoamericana en los EU votara en contra de estas ideas, pero hay tontos que se olvidan que el individuo ignorante considera que toda persona que hable español es mexicano.

Drenar el pantano también significó humillar a los puertorriqueños durante la mayor tragedia causada por la naturaleza en más de 80 años. Humillación soportada de forma estoica por el gobernador de una colonia que se presentaba totalmente sometido a un amo al que hay que complacer siempre. Un espectáculo que a muchos le llegó a inspirar vergüenza ajena.

No satisfecho con su deseo de drenar el pantano atacando a personas hispanoparlantes, la caricatura de líder se despecha contra Haití y naciones del África como países de mierda. Comentario que fue acompañado de un deseo de recibir más inmigrantes de Noruega. Drenar el pantano repentinamente tenía un toque de melanina no abiertamente discutido que se desbordaba por los innumerables videos que reproducían la imbecilidad de estas palabras.

La política oficial es la xenofobia y el racismo. De esta forma, la creación de un muro entre México y los Estados Unidos se convierte en la panacea de todos los problemas de un país que se rehúsa a hacerse una introspección. Un muro que fue vendido con una mentira, que lo pagaría México. Mentira repetida con un tono de desprecio que exaltaba a las masas.

Sin embargo, no todo es locura en la tierra del libre y hogar del valiente. La creciente oposición al muro ha ideado el más vil de los chantajes para presionar por su aprobación y forzar la genuflexión de quienes se oponen a la demagogia: separar a los migrantes de sus hijos.

Han sido más de 2,300 niños que han sido arrancados de sus padres a fuerza de mentiras, colocados en jaulas, hacinados y tratados como delincuentes comunes. Actos justificados con el mismo pasaje de la biblia que en el siglo XIX se utilizaba para defender la esclavitud.

Pero el mundo digital sirvió para recordarle al aspirante a dictador que no siempre puede salirse con la suya. Los 2,300 niños prisioneros fueron 2,300 puñaladas hacia su política de odio.

*José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.