Nuevamente se espera que éste sea un año de bajo crecimiento, en un rango de entre 2.5 y 3 por ciento. El contexto en el cual se desenvuelve la economía mexicana es uno caracterizado por debilidad mundial y de volatilidad en los mercados financieros, lo cual no ayuda a impulsar una mayor expansión. Son varios los factores, externos e internos, que afectan negativamente el crecimiento.

Por una parte, destaca la significativa desaceleración de la economía china y la muy alta posibilidad de que en ese país se presente el estallamiento de dos burbujas: la inmobiliaria y del mercado de valores. Existe la fundada sospecha de que el crecimiento de la economía china es de alrededor de 4 y no del 6% reportado. El menor crecimiento de la segunda economía más grande del mundo, junto con la apreciación generalizada del dólar estadounidense, se ha reflejado en una abrupta caída en el precio de las materias primas (commodities), desde el petróleo hasta metales y bienes agrícolas, lo cual ha impactado negativamente a varias economías emergentes, como Brasil, Rusia, Chile, Colombia, etcétera. En particular, en el mercado petrolero se agrega el hecho de un exceso de oferta que ha presionado el precio de este bien a la baja.

Por otra parte, el crecimiento de las economías desarrolladas sigue siendo débil. En Europa, a pesar del impulso monetario del Banco Central Europeo, las economías siguen prácticamente estancadas por la evidente rigidez derivada de una notoriamente ineficiente y costosa regulación de los mercados de bienes y de factores de la producción y el muy alto costo de sus sistemas de bienestar, sucediendo algo similar en Japón. En Estados Unidos, por otra parte, la apreciación del dólar y el menor crecimiento chino ha impactado negativamente a la industria manufacturera, como se refleja en la caída de las exportaciones de este sector. El crecimiento de la economía estadounidense sigue siendo frágil.

Así, el entorno económico internacional no ayuda a que la economía mexicana crezca a mayores tasas. Destaca el impacto negativo del muy bajo crecimiento de la industria manufacturera en Estados Unidos sobre la industria mexicana. Desde la apertura comercial y más aun desde la entrada en vigor del TLCAN, vía el canal de exportaciones, existe una muy alta correlación entre las industrias manufacturas de ambos países, de forma tal que si la industria en Estados Unidos crece poco, lo mismo sucederá con la mexicana. De ahí que a pesar de la depreciación del peso mexicano, esto no se ha reflejado en mayores exportaciones manufactureras (las del sector automotriz se cuecen aparte). La principal fuente de crecimiento en el pasado dejó de serlo, al menos para este año.

Ahora, volteando a ver los factores internos de crecimiento, tenemos un paulatino pero aun bajo crecimiento del consumo familiar derivado de tres elementos: un significativo aumento del valor en pesos reales de las remesas, un mayor empleo y una ligera recuperación del salario real derivado en gran medida de la muy baja tasa de inflación. Por el lado de la inversión, la publica sigue sin contribuir al crecimiento mientras la privada, particularmente en construcción, sigue creciendo a bajas tasas. A esto hay que agregar la contribución negativa de la industria petrolera.

Así, factores tanto internos como externos explican por qué el bajo crecimiento esperado de la economía para este año. Dado que se espera que el entorno internacional siga experimentado debilidad, hay que actuar sobre los factores internos que se constituyen como barreras al crecimiento: excesiva regulación, corrupción, ineficiencia pública, etcétera. En suma, es necesario moverse hacia un íntegro Estado de Derecho.