El 2014 fue un parteaguas en la historia política de México; el 2015 será el año de los grandes desafíos, un año que viviremos en peligro. Hay nubarrones en el escenario nacional en materia de seguridad y justicia, en el aspecto económico y en el proceso político electoral.

La expectativa para muchos es que el estado de cosas empeore. Otros menos pesimistas, esperamos que las instituciones del Estado mexicano, de manera particular gobierno y partidos políticos, salgan de su pasmo y reaccionen con decisión para enfrentar este peligroso impasse.

No son pequeños los retos que enfrenta el INE para sacar adelante su primera elección federal, por primera vez en la historia electoral del país, se corre el riesgo de que no se puedan llevar a cabo elecciones en una entidad como Guerrero, con las gravísimas consecuencias que ello supondría para la gobernabilidad democrática.

En materia político electoral, independientemente de preferencias y resultados, el reto central tiene que ver con la oportunidad que ofrece el ejercicio democrático para romper la complicidad entre política, corrupción y crimen organizado que han hecho evidentes los acontecimientos recientes.

Son los partidos políticos, como figuras de interés público financiadas con más de 5,000 millones de pesos provenientes de los impuestos que pagamos los ciudadanos, quienes tienen la obligación política y ética de impulsar medidas concretas para que sus candidatas y candidatos cumplan compromisos básicos que conjuren este círculo perverso. Los líderes de los partidos, anunciaron recientemente el establecimiento de mecanismos específicos para blindar la contienda electoral al interior de sus organizaciones.

Hace falta un gran acuerdo para homologar estos mecanismos y para hacer responsables a las dirigencias nacionales para que todos las candidatas y candidatos, como condición inapelable, den declaraciones públicas en materia patrimonial, fiscal y de intereses económicos; un balance de su desempeño en cargos anteriores y la presentación puntual de su agenda y compromisos.

Este tipo de condiciones debe convertirse en una práctica transparente cotidiana del sistema de partidos, en la medida de que no se trata solamente de ganar elecciones, se trata de ganarlas con aquellos que den garantías a la ciudadanía. Ahí está uno de los grandes retos del 2015.

Los ciudadanos debemos exigir que esto se lleve a la práctica y como consecuencia votar a conciencia por los mejores y más transparentes perfiles y las mejores propuestas.

Twitter: @DiodoroCarrasco