Según el INEGI, al cierre del año pasado 14 millones de individuos laboraban en la informalidad, casi 30% de la población ocupada. Cifra preocupante y que indica la incapacidad de la economía de crecer a un ritmo más acelerado y generar un mayor número de empleos formales. La economía mexicana se desenvuelve en un entramado institucional que inhibe el crecimiento, destacando la legislación laboral que contiene un sesgo en contra de la mano de obra, el diseño del sistema tributario que castiga en el margen el trabajo y el ahorro, la enorme cantidad de regulaciones a las que se enfrentan las empresas, el diseño del sistema de seguridad social (IMSS) que grava onerosamente el empleo formal, etcétera. Nuestro arreglo institucional es tan ineficiente, tan costoso, que no sorprende que la economía tenga un desempeño tan mediocre y que, en consecuencia, tanta gente labore en la informalidad.

Estamos en un círculo vicioso. Hay tanta gente en la informalidad porque la economía no crece a mayores tasas; por otro lado, la economía no crece más porque hay una enorme cantidad de empresas operando en la informalidad. Es importante profundizar.

Sin duda, la principal fuente de crecimiento económico es el cambio tecnológico. Una economía en la cual los procesos de producción están modernizándose continuamente, la productividad de los factores de la producción irá en aumento, lo que permite que con los mismos recursos se produzca más y que los bienes sean de mayor calidad. Y aquí es en donde estamos atorados. La productividad factorial total agregada para la economía mexicana casi no ha aumentado en los últimos años y el poco crecimiento económico que se ha logrado se explica primordialmente por el aumento en la cantidad de los factores de la producción.

¿Qué tiene que ver eso con la informalidad? Empresas que operan en la informalidad naturalmente son muy pequeñas (para evitar ser fiscalizadas tanto por el SAT como por el IMSS), por lo que normalmente operan con tecnología obsoleta, lo que deriva en una muy baja productividad de los factores de la producción, además de que aquellas actividades informales en el sector servicios, tal como sería el comercio informal, generan muy poco valor agregado.

Además, dado su pequeño tamaño, nunca logran alcanzar un nivel de producción que permita generar suficientes economías a escala; sus costos unitarios son bajos porque evaden impuestos y los pagos correspondientes a la seguridad social. Así, dadas las características del sector informal, aunque es fuente de empleo, 14 millones no son fuente de crecimiento económico.

Obviamente hay que romper con este círculo vicioso de poco crecimiento –informalidad– poco crecimiento. Para ello, hay que reiterarlo, se requiere una profunda modernización del arreglo institucional. Se necesita urgentemente una reforma a la legislación laboral que elimine el sesgo en contra de la mano de obra y del cambio tecnológico. Se requiere de una reforma al sistema de seguridad social, instituyendo la cobertura universal financiada de la recaudación general, lo que eliminaría el impuesto al empleo formal que se deriva del sistema actual. Obviamente se requiere, en consecuencia, de una profunda reforma tributaria que fortalezca estructuralmente las finanzas públicas y alinee los incentivos que se deriven del arreglo tributario con el objetivo de mayor crecimiento económico. En suma, se requieren todas aquellas reformas estructurales que por cuestiones políticas nunca pasan por el Congreso.

O hacemos ya las reformas o seremos en el futuro cercano un país de viejos pobres.

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