La guerra de México contra los cárteles de la droga traerá una perfectamente previsible escalada de violencia, con tiroteos, decapitaciones y secuestros, pero la represión resultará contraproducente al final y es preferible un enfoque basado en la salud pública, indicó un estudio difundido el martes que se basa en décadas de literatura científica.

Una revisión sistemática de más de 300 estudios internacionales que se remontan a 20 años atrás halló que la represión policial de traficantes y consumidores casi siempre redunda en un aumento de la violencia, dijeron investigadores del Centro Internacional para una Política Científica de Drogas, un organismo sin fines de lucro con sedes en Gran Bretaña y Canadá.

La represión intransigente de los delitos relacionados con la droga eleva las ganancias en el mercado negro, lo cual da lugar a feroces disputas por el control de ese comercio tan rentable, dice el estudio.

Adicionalmente, cuando los jefes narcos más poderosos son muertos o arrestados, frecuentemente los reemplazan delincuentes más brutales y menos hábiles.

``La represión es el componente individual más grande del costo de las drogas, pero pocas veces se lo calcula. Este trabajo indica que es apremiante transferir recursos de la represión contraproducente a un enfoque basado en la salud pública'', dijo Gerry Stimson, director ejecutivo de la Asociación Internacional de Reducción de Daño, anfitriona esta semana de una conferencia en Liverpool, Inglaterra, donde se dio a conocer el trabajo.

La represión lanzada por el presidente Felipe Calderón cuando asumió hace poco más de tres años tuvo la misma consecuencia que la prohibición del alcohol en Estados Unidos en la década de 1920 y el ataque a los narcos en Colombia en la de 1990: un fuerte aumento de los asesinatos.

En el 87% de los estudios, la represión policial acentuada redundó en un aumento de las tasas de violencia. Algunos estudios dijeron que la violencia aumenta porque la muerte o arresto de grandes traficantes genera un vacío de poder. Ningún estudio reveló una disminución significativa de la violencia.

El zar antidrogas estadounidense Gil Kerlikowske dijo acerca de estas conclusiones que su gobierno está empezando a hacer hincapié en la prevención y el tratamiento del consumo más que en la represión, pero sostuvo que la prohibición y la represión deben continuar.

``No conozco razón alguna para decir que la legalización de algo que hace mal mejoraría la situación, sea desde el punto de vista fiscal, de la salud pública o de la seguridad pública'', dijo el funcionario.

Desde que asumió la presidencia en 2006, Calderón reconoció que la guerra contra la droga tendría un costo elevado.

``Al fin y al cabo, nos jugamos la vida en esta batalla'', dijo entonces, en entrevista.

Desde entonces, México ha enviado más de 45.000 soldados a la guerra contra los cárteles y ha conocido una ola de violencia sin precedentes con más de 22.700 víctimas fatales, en su mayoría miembros de las pandillas, pero entre los muertos también hay policías, soldados, políticos y periodistas, además de gente atrapada entre fuegos cruzados.

A medida que crece la cifra de víctimas, aumentan las críticas a la estrategia de Calderón, pero el presidente tiene sus defensores.

``Este gobierno tomó una decisión difícil pero valiente de combatir a fondo los cárteles'', dijo Luis de la Barreda, director del Instituto Ciudadano de Estudios Criminales, que aboga por una mayor seguridad.

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