Mazatlán, Sinaloa. Escuchar que El Chapo asistía a fiestas, restaurantes o casas de sus familiares libremente era considerado parte de la leyenda que acompañaba la cotidianeidad de los sinaloenses hasta ayer, cuando su detención ocurrió en la avenida más concurridas de este puerto y rodeado de vecinos que –dicen- no sabían que del otro lado de su puerta estaba el hombre más buscado por los gobiernos de México y Estados Unidos.

El mayor capo de las drogas en el mundo, Joaquín El Chapo Guzmán, fue detenido en el edifico de suites Miramar, ubicadas en el número 608 de la Avenida el Mar, frente al Malecón mazatleco. El edificio es una construcción horizontal, no ostentosa, sin laberintos a la vista, ni muchas rutas de escape, por el contrario, está a la vista de las autoridades estatales.

A espaldas de las suites en donde El Chapo pasó las últimas horas antes de ser detenido están las oficinas de la policía ministerial. Literalmente, los investigadores estatales tenían a la vuelta de la esquina al capo, quien fue ubicado por la Marina Armada de México en un operativo que no despertó a los vecinos si no hasta que, ya concluido, los helicópteros volaron demasiado bajo en labores de revisión.

Desde las casas contiguas pudieron ver al convoy de marinos resguardando una unidad blanca en donde llevaban a dos hombres. Eso ocurrió 15 minutos antes de las 8 de la mañana.

Dentro del edificio tampoco se enteraron que el narcotraficante estuviera entre ellos. La mayoría de los huéspedes son personas de la tercera edad -extranjeros - o parejas jóvenes con pocos hijos que viven o rentan una de las suites repartidas en los 11 pisos del edificio Miramar.

En ese mismo inmueble estuvo ayer la exdiputada del PRI Margarita Garzón, quien aseguró que ella no vive en el inmueble, pero sí su madre, y que ninguna de las dos estaba presente cuando ocurrió el operativo.

De acuerdo con los vecinos nunca detectaron que hubiera un movimiento ostentoso de seguridad como para mover a un narcotraficante. El mayor movimiento es cuando llega o se va Poncho Lizárraga, vocalista de la banda El Recodo, quien –aseguran- hasta hace menos de un mes también ocupaba una de las suites del Miramar.

La PGR ofrecía una recompensa de 30 millones de pesos a quien brindara datos que llevaran a la captura del mítico narcotraficante; EU, cinco millones de dólares. Ninguna de las ofertas será cobrada.

Sabíamos que iban a agarrarlo cuando el gobierno quisiera porque todos ellos (los narcos) aquí andan , dice desde su camioneta blanca una mujer que pasa al frente del edificio Miramar, una construcción que no tiene equipos de bloqueos de celulares para impedir una denuncia a las autoridades, tampoco grandes cinturones de guardias de seguridad.

Un día después de la detención, el edificio Miramar no está resguardado, no tiene huellas de un operativo; sin embargo, su estructura sirve de fondo a las fotografías de vacacionistas, quienes desde el sábado ya lo visitan como parte del recorrido turístico de la ciudad.