Los pobladores de Cherán bloquean hace casi un mes con piedras y fogatas los accesos a esa comunidad indígena situada en las montañas de Michoacán, oeste de México, para evitar incursiones de bandas armadas que protegen a los cortadores ilegales de árboles.

Temen "la intención de la delincuencia de apoderarse de la comunidad como sucede en todo el país", comentó a la AFP una lugareña, que se cubre el rostro ante los extraños como suelen hacer los indígenas purépecha, mientras hace guardia en el pueblo que se ha declarado en estado de sitio .

Los purépecha dicen que hace tres años enfrentan la presencia de pistoleros que escoltan los camiones cargados de troncos de pino. Pero la situación se agudizó desde diciembre, cuando estos intrusos comenzaron a realizar hasta 200 viajes diarios a los bosques vecinos.

Amnistía Internacional anunció este viernes una campaña de acciones de solidaridad con los purépucha. El estado de Michoacán ha estado inmerso como buena parte de México en la violencia atribuida a la lucha contra el narcotráfico que deja más de 37.000 muertos desde diciembre de 2006.

Los integrantes del crimen organizado "comenzaron a meterse a través de la tala, pero luego empezaron a pedir "cuotas " como se llama en México a las extorsiones que cobran grupos vinculados al narcotráfico, dice la mujer.

Los extorsionados son indígenas que "salen a vender sus verduritas en el piso de las calles de otros pueblos", agrega siempre con la mirada alerta.

"Cómo vamos a cumplirles (con las cuotas) si nosotros no tenemos nada", comenta una de sus compañeras en una de las tres entradas al pueblo, donde permanece manteniendo el bloqueo hace 22 días junto a decenas de mujeres, niños y hombres encapuchados.

Al internarse en los bosques vecinos se ve vegetación quemada y árboles cortados que delatan a los taladores. Unas 20.000 hectáreas han sido deforestadas en cuatro meses, estiman los indígenas mientras patrullan.

El grupo es encabezado por dos indígenas que exploran nerviosos con binoculares la presencia de extraños. La tensión es palpable.

"La gente que venía aquí para recolectar hierbas medicinales, hongos, resina, ha sido amedrentada, encañonada aquí mismo. ñY ya no hay ni para donde correr si te sale alguno de esos!, comenta enojado otro de los patrulleros.

Un integrante de esta policía comunitaria asegura que con la llegada de las bandas y los taladores ahora abundan los "secuestros, asesinatos, levantones. Prácticamente no tenemos seguridad. No podemos transitar libremente a nuestros destinos de trabajo fuera del pueblo".

El "estado de sitio autoimpuesto" comenzó el 15 de abril, tras una incursión a Cherán de un comando que liberó a balazos a cinco talamontes retenidos por la comunidad.

Doce días después, cuando ya estaba en marcha el bloqueo, el pueblo fue atacado por otro comando que mató a dos hombres. Los indígenas reclaman la presencia militar.

"Esto tiene una solución siempre y cuando se tenga una presencia permanente de elementos militares o estatales que cuiden el bosque y el pueblo", dice a la AFP el secretario de gobierno local Artemio Adame.

En Cherán, de unos 17.000 habitantes, solo hay 17 policías municipales que vigilan vestidos de civil. "Ante el temor de que los agredan, pidieron no usar sus uniformes porque los comuneros creen que están coludidos con el crimen organizado", explica Adame.

De 2008 a la fecha nueve indígenas de Cherán y otros cinco están desaparecidos.

Afuera del poblado, cinco patrullas de la policía estatal con una veintena de uniformados permanecen estacionadas. "Ellos no nos garantizan nada, nunca lo han hecho", comenta tras una misa fúnebre en la plaza del pueblo la hija de un activista indígena muerto a balazos hace tres años cuando la violencia comenzó a escalar y sobrina de uno de los dos últimos asesinados.

Al llegar la noche, decenas de fogatas se prenden en las calles de Cherán como ha ocurrido en las últimas semanas. Sólo los médicos y los enfermos que van al hospital, el principal de la región, tienen el paso permitido.

DOCH