Nueva York. Las sociedades, al sufrir crisis económicas y financieras que provocan: desempleo, reducción de la capacidad de compra, pérdida de los ahorros o incluso de los bienes de sus ciudadanos, reaccionan de manera agresiva en contra de los que no son como ellos.

Se culpa a los migrantes, a los otros, de los problemas que ocurren a nivel general y también en particular. Se les acusa, entonces, de ser ellos los que quitan el empleo, quienes abaratan la fuerza de trabajo, los que usan los servicios públicos en detrimento de los locales, quienes no pagan los impuestos. Son, al fin, los responsables, de todos los males.

En las sociedades desarrolladas y también subdesarrolladas, la reac­ción es común y se repite durante los tiempos de crisis. Que sea así no la justifica, pero sí la explica. La historia ha documentado este fenómeno social en países como Estados Unidos, Alemania, Francia, España, pero también en naciones en vías del desarrollo.

Culpar al otro

La xenofobia en muchas regiones de Estados Unidos, siempre latente, pero la ahora abierta contra de la población latina , la gran mayoría mexicana, se puede explicar, como una reacción irracional, toda discriminación lo es, a la profunda crisis económica y financiera que afectó a Estados Unidos en el 2009 y cuyas secuelas todavía están presentes.

Los afectados tienden a culpar a los otros de sus males, ante la incapacidad de afrontar la realidad y hacerse responsable de los problemas que han sido causados por su propia actuación o la de sus dirigentes. Al poner en el otro la responsabilidad de lo ocurrido les permite explicar lo que pasa. No importa que no sea verdad, pero da seguridad saber las razones.

Los otros, los migrantes, sufren las consecuencias de la crisis todavía más fuerte que los locales, pero estos requieren chivos expiatorios en quienes depositar los problemas y también se hace necesario exorcizar el mal que tiene, entonces, cara y rasgos que corresponden al fenotipo de lo que no soy yo, del otro.

La xenofobia que ahora ocurre en Estados Unidos, en unas regiones más que en otras, resulta no sólo aberrante, sino profundamente contradictoria y para todo efecto improductiva. Está ahí, pero al mismo tiempo no puede ser realizada del todo y no termina por definirse.

Esto ocurre así, no sólo porque millones de los ciudadanos con fenotipo del otro, del extranjero, son ciudadanos estadounidenses, también porque éstos y los que permanecen aquí de manera ilegal resultan indispensables para mantener la actividad del país. Ésa es la realidad que se impone.

¿Qué haría Arizona, California, Texas, pero también Nueva York y Chicago sin ellos? Hoy, en Estados Unidos, ésos, los otros, constituyen la segunda línea de soporte, en muchos casos la primera, de prácticamente todas las actividades en cualquiera de los sectores productivos.

Discriminación y rechazo

Amigos y conocidos con los que recientemente me encontré en esta ciudad me decían, que incluso en la cosmopolita Nueva York se percibe cierto rechazo a quien se identifica como migrante. En un bar del Meat Packing District donde veíamos el juego de México y Francia me tocó presenciar como el barman exigió agresivamente a un grupo de trabajadores mexicanos, al sólo entrar y antes de sentarse, que debían consumir para poder ver el partido.

Los migrantes, que no tenían tiempo para ver el juego completo, sin hacer ningún espaviento ordenaron refrescos embotellados y todo en paz. Me sorprendió la actitud del barman que actuó, sin más, dando por hecho que no iban a consumir antes de saber si ellos, que parecían y eran migrantes, iban o no hacerlo.

En esta misma ciudad, es muy frecuente que el mesero de los restaurantes de cierto nivel sea blanco , pero quienes lavan los platos y preparan la comida sean todos latinos . Es también muy conocido que las élites políticas de Washington, también en otras regiones, encarguen a sus hijos a mujeres latinas. Los hijos, lo más preciado, se entregan a quien supuestamente se rechaza. Contradicción siempre presente.

La xenofobia que ahora se vive en Estados Unidos contra los migrantes entre los que se encuentran los que parecen latinos , la apariencia es condición, se mantendrá mientras dure la crisis y sólo empezará a ceder cuando aminoren los efectos de la misma sobre la población. Este comportamiento social ya ha ocurrido en otros tiempos y lugares, en los mismos Estados Unidos, y no tiene porqué ser diferente.

La primera minoría latina

La actitud xenofóbica actual ha planteado, es otro ángulo de la realidad, la complejidad de la estructuración social de Estados Unidos y el papel que en ella juegan los latinos, quienes son ya la primera minoría, por encima de los población de color, del país. La xenofobia se enfrenta a la necesidad de los migrantes, entre ellos los latinos , no sólo en las fábricas y en los servicios, también en el hogar. La discriminación está ahí y no debería de existir, pero está acotada por esa complejidad. Es un dato a tener en cuenta.