Orlando Arroyo Marroquín es un empresario afortunado que llegó al lugar indicado, Cancún, en el momento indicado, cuando te podías hacer rico hasta con una tienda de camisetas , según la descripción que él mismo hace de este destino de playa, a principios de los años 80.

Hasta antes de convertirse en empresario hotelero, desempeñó puestos clave en la conformación del gobierno municipal de Benito Juárez. Su intervención va desde el delineamiento de la estructura administrativa y financiera del ayuntamiento hasta la puesta en marcha del primer cuerpo de bomberos.

Todo estaba por hacerse: trazo de calles, introducción de servicios, abastecimiento de insumos, pero sobre todo regularización de la tierra, que en ese entonces era uno de los principales problemas a que se enfrentó Cancún como Centro Integralmente Planeado (CIP).

De hecho, como él mismo relata, la primera encomienda que tuvo en 1973, cuando llegó a Cancún, invitado a trabajar por el entonces Gobernador Jesús Martínez y el alcalde Alfonso Alarcón, fue poner orden a una invasión de tierras en las supermanzanas 63 y 64 que colindaban con terrenos del entonces Fondo de Promoción e Infraestructura Turística (Infratur), hoy Fondo Nacional de Turismo (Fonatur).

Se convirtió en consultor del Fondo, a la par que a principios de los años 80 participa en la campaña presidencial de Miguel de la Madrid Hurtado. Cuando éste llega a la Presidencia, le concede en agradecimiento el nombramiento de Director Regional de la dependencia.

De 1982 a 1986 se desempeñó en el cargo hasta que lo invitaron a trabajar en la ciudad de México en otras funciones. Gracias a Dios no acepté y me quedé a probar suerte como desarrollador inmobiliario , refiere.

TODOS QUERÍAN UN LOTE

La demanda de lotes para vivienda era enorme. Según recuerda él mismo, al salir de Fonatur había un aproximado de 8,000 solicitudes de lotes para desarrollos inmobiliarios y hoteleros, para los que el trámite era eterno .

Fue entonces que supe el negocio que debía emprender .

Con un capital inicial de 6,000 dólares que recibió como liquidación del Fonatur, arrancó sus primeros desarrollos inmobiliarios: Alborada, la alternativa esperada fue el primero en un terreno que le compró al gobierno del estado.

Pedro Joaquín Coldwell me vendió 20 hectáreas , recuerda.

Y añade: Ese desarrollo lo hice prácticamente sin dinero porque había una gran demanda de lotes. Saqué un anuncio en el periódico y con el dinero de los enganches lo pude construir .

A ese emprendimiento le siguió el centro comercial Maya Fair. Di el enganche del lote, no lo pagué; limpié el terreno, hice una maqueta y levanté en tres meses suficiente dinero para construirlo. Ése era el Cancún de aquella época, te podías hacer millonario hasta con una tienda de T-shirts… Era increíble .

Le siguieron la primera funeraria de Cancún y un panteón. Son inversiones que la verdad nunca nos han dado dinero, pero no importa, lo tomamos como nuestro servicio social , refiere en tono irónico.

NACE SUNSET

El año de 1994 es el de su despegue con la cadena Sunset, en una oportunidad muy buena que salió con Banamex . Tras adquirir el lote baldío con un enganche de 600,000 dólares inició con 200 habitaciones que a la postre se han convertido en más de 1,200 con complejos en Cancún y la Riviera Maya.

Su especialidad se volvió encontrar negocios malos para convertirlos en buenos y buenos convertidos en malos , comenta en tono de broma.

Hoy Cancún ha dejado de ser esa beta de oportunidades fáciles. Si yo comencé hace más de 25 años con 6,000 dólares, hoy necesitas más de 6 millones. El destino es hoy mucho más competido… Cuando nosotros empezamos éramos un hotel entre 20, hoy son más de 800 en Cancún y la Riviera Maya .

Sin embargo, considera que sigue habiendo oportunidad de crecer gracias a la globalización de las telecomunicaciones y la eficiencia de los transportes aéreos. Si a un país le va mal un año, siempre hay otro al que le va mejor y es ahí donde está la oportunidad de seguir creciendo .

Tras una larga conversación, Orlando Arroyo Marroquín define así su experiencia de empresario hotelero en el Caribe mexicano: A final de cuentas, la hotelería en Cancún es como la universidad; hay que inscribirse, no morirse en el intento y, al cabo del tiempo, se recibe uno .

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