El ex juez de la Audiencia Nacional española, Baltasar Garzón, es uno de los personajes más controvertidos de España, quien se ha destacado por la búsqueda del máximo alcance de la justicia dentro y fuera de su país.

Se hizo famoso por su intento de extraditar al ex dictador chileno Augusto Pinochet en la década de 1990 y hoy, a sus 56 años enfrenta en Madrid tres casos ligados a sus investigaciones sobre abusos de los derechos humanos, corrupción y otros delitos.

Garzón, quien nació el 26 de octubre de 1955 en la sureña localidad andaluza de Torres, fue nombrado en 1983 como magistrado y en 1992 ascendió a la Audiencia Nacional, donde logró la atención pública hacia la función judicial.

La importancia de los casos instruidos en las últimas dos décadas, la difusión mediática que ello le generó, los roces con la clase política, con la diplomacia y hasta con compañeros del sistema judicial, le hacen ser querido u odiado, según quien lo describa.

En España dos áreas de la delincuencia fueron su objetivo: el terrorismo y la corrupción, mientras que en el exterior se hizo conocido en 1998 por ordenar la detención del ex dictador chileno Augusto Pinochet, aun cuando ya había instruido otras causas sobre justicia universal.

A su paso por la Audiencia Nacional, Garzón sumó más de 20 causas contra la organización separatista Patria Vasca y Libertad (ETA) en sus diferentes estructuras, desde la política, los comandos armados, la rama juvenil y las redes financiera e internacional.

Asimismo, fue uno de los jueces que mayor presión ejercieron contra el entorno político de ETA, principalmente cuando desde 2003 comenzó la ilegalización del brazo político, Batasuna.

De 1993 a 1994 hizo una pausa en su carrera judicial, y fue candidato a diputado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y tras acceder al Congreso fue designado delegado del Plan Nacional contra las Drogas, pero renunció por diferencias con el gobierno de Felipe González.

Tras un año en la política, retomó los casos judiciales e instruyó el caso GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) que afectó a ministros del gobierno de González por la guerra sucia o terrorismo de Estado en su lucha contra ETA.

En el año 2000, pidió la extradición del militar argentino Ricardo Cavallo por crímenes de la dictadura argentina (1976-1983), la que consiguió en 2003, mientras que otro caso fue contra el ex militar argentino condenado en España, Adolfo Schilingo.

En 2001, investigó al Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) por desvío de fondos a paraísos fiscales y presunto lavado de dinero, mientras en 2002 comenzó una investigación sobre los lazos de ETA con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Además de que todos esos casos le generaron choques con la clase política, empresarial y amenazas de parte de ETA, su actividad internacional le causó problemas con la diplomacia española.

Después de que Reino Unido impidiera la detención de Pinochet en Londres, los viajes de Garzón a tomar declaración en el extranjero a diferentes presos importantes fue otro dolor de cabeza para las relaciones diplomáticas de su país con terceros.

Garzón fue apartado en mayo de 2010 del Juzgado de Instrucción Número 5 de la Audiencia Nacional, al anunciarse que se abriría juicio oral en su contra por presunta prevaricación, por haber investigado los crímenes de la dictadura franquista (1939-1975).

Al intentar aplicar desde la Audiencia Nacional la Ley de Memoria Histórica, desde 2008 intentó crear un registro de fosas comunes para la exhumación de cadáveres e hizo responsables de esos crímenes a la dictadura y la Falange Española y organizaciones a fines.

La agrupación de abogados de extrema derecha Manos Limpias, fue quien lo acusó de prevaricación hasta lograr que el Tribunal Supremo lo imputara, le abriera juicio y se le separara del cargo, lo que en 2010 generó protestas en contra y a favor.

No se puede criminalizar (su función como juez) una forma de interpretar la Ley y las resoluciones de otras causas judiciales, cuando lo que se investiga son crímenes contra la humanidad , dijo Garzón en 2010 al ser consultado sobre los motivos por los que creía sería enjuiciado.

Sobre su personalidad que es muy criticada manifestó: No me veo estrella, y tampoco protagonista; quienes me conocen saben que no soy así y ningún juez debería serlo. Pero ante algunos asuntos eso es inevitable. En tiempos de globalización los ciudadanos deben saber quiénes les administran la justicia .

Otros casos que le afectan aún pendientes de resolución son los de presuntos cobros irregulares del Banco Santander para organizar unos cursos académicos en la Universidad de Nueva York en 2005.

El tercer caso que le afecta es por haber ordenado intervenciones telefónicas a los detenidos y abogados de la trama de corrupción Gurtel , integrada por empresarios y políticos del Partido Popular (PP) que Garzón había empezado a investigar.

En la actualidad, mientras espera ser enjuiciado en España, Garzón es asesor de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) y promotor de la defensa de los derechos humanos y justicia universal en varios países.

Su carrera, personalidad y el alcance de los casos instruidos le ha llevado a escribir libros y que se escriba sobre él, por lo que de su autoría son los textos: Un cuento de Navidad (2002); Un mundo sin miedo (2005); La lucha contra el terrorismo y sus límites (2006), y La línea del horizonte (2008).

Sobre él se ha escrito El hombre que veía amanecer (2000), una biografía de la periodista Pilar Urbano. En 2010, la cineasta Isabel Coixet y el escritor Manuel Rivas hicieron un documental y un libro de los mismos relatos del ex juez titulado Escuchando a Garzón .

En su vida personal, Garzón es casado y tiene tres hijos; es aficionado a los deportes, seguidor del equipo Barcelona de fútbol, de la lectura de libros de novela histórica y poesía; y de la música clásica y española, de cantautores como Ismael Serrano y otros.

RDS