Una serie de acontecimientos de carácter empresarial nos permite percatarnos del retraso tan grande que tenemos como sociedad capitalista, en comparación con gran parte de los países desarrollados.

Enmarcando la situación empresarial de México, 95% de las empresas es Mipyme, en términos de financiamiento, poco acceso a crédito y además caro, sin plan gubernamental de desarrollo, casi nula cultura de la inversión de riesgo, pocas alternativas a través de la banca comercial y la inexistencia de la opción de las bolsas de capital privado.

Desde este punto de vista, parece no haber posibilidades de potenciar los negocios en el país.

Por el lado del negocio, las compañías son más bien experimentales, es decir, van a la deriva.

No hay conciencia del verdadero potencial de la empresa, prefieren más bien sobrellevar la situación.

Se convierten en sustitutos de empleo, y como son en su mayoría de carácter familiar, no existen planes concretos de sucesión ni mucho menos de convertirse en algo más que un patrimonio familiar.

Pero es en el lado de la empresa donde debemos iniciar, si se ataca el problema de la mal llamada autoempleabilidad y se transforma en un verdadero concepto de negocio es como se podrá tener una perspectiva de más largo plazo.

Cuando se inicia un proyecto fundamentalmente se pueden reconocer la asignación de un sueldo a los dueños, salarios de empleados y pagos varios, entre ellos la deuda, pero es difícil que un empresario a esas alturas reconozca que la generación de valor debe verse reflejada en un rendimiento sobre la inversión realizada.

Entendemos claramente el pago de intereses, impuestos y la generación de utilidades en los negocios, con ello, atendemos al banco, a Hacienda, a los trabajadores, a la empresa misma y el sobrante para los dueños, pero ¿cómo saber si este excedente de verdad representa una buena alternativa de inversión versus buscar trabajo e invertir el dinero depositado en el negocio en algún otro esquema de inversión?

Nuevamente, no se trata de auto­emplearse y creer que el ingreso obtenido por ello, por muy bueno que sea, es la condición de éxito de la empresa, nuevamente, esto sigue siendo un sueldo.

El verdadero valor del negocio, que a la larga le dará el potencial de desarrollo, proviene de generar una rentabilidad medida y sostenida, ante la cual todos los planes de la empresa se vean alineados.

Hay que recordar que de una empresa familiar tarde o temprano podrán depender más de una familia y la simple asignación de sueldos lo único que provocará será la merma de las utilidades de la empresa.

*El MF Ricardo Gutiérrez es director de la Carrera de Contaduría Pública y Finanzas del Tecnológico de Monterrey campus Toluca. [email protected]