Twitter ha dejado de crecer. Es algo llamativo para una compañía que es el medio del momento, el vehículo utilizado por el nuevo presidente de Estados Unidos para transmitir sus ideas al mundo sin el filtro de los medios de comunicación tradicionales.

Como publicó el viernes la edición en línea del Financial Times que retomó el diario español Expansión, tal y como destacó Jack Dorsey, fundador y presidente de Twitter la semana pasada, puede que no estemos cumpliendo las expectativas de crecimiento, pero Twitter tiene una influencia y un impacto cada vez mayores. Es algo irrefutable, pero difícilmente pueda considerarse una prueba de valor el día que presenta resultados .

Los ingresos crecieron 1% interanual en el cuarto trimestre, y las ventas de publicidad, que representan con diferencia la mayor parte de los ingresos brutos, cayeron. Hace un año, los ingresos subían 48%, una trayectoria más lógica para una empresa de Internet que no hace tanto que salió a Bolsa, a finales del 2013.

Incluso ahora, y pese a algunas interpretaciones de los tuits de Donald Trump, los inversionistas se niegan a aceptar el escueto mensaje. Las acciones de Twitter se desplomaron 10% el jueves tras el anuncio.

Irreal

Es una reacción insuficiente. Sitúa la capitalización de mercado de Twitter en 12,000 millones de dólares sobre ingresos de 2,500 millones en el 2016.

Cinco veces las ventas parece un múltiplo excesivamente alto y difícil de explicar para una compañía que no crece y que perdió 460 millones de dólares el año pasado.

Los optimistas confiarán en la aceleración del crecimiento de los usuarios activos diarios a 11% interanual. Sin embargo Twitter, por extraño que parezca, sólo informa del porcentaje y se niega a revelar el número real, aferrándose a las estadísticas mensuales, que se mantuvieron planas en 320 millones con relación al tercer trimestre. Es un dato anticuado. Los anunciantes quieren conocer la implicación diaria. En su reciente oferta pública de venta, Snap ni siquiera se molestó en comunicar cifras mensuales.

Si los ejecutivos creen que los anunciantes se interesarán por estos usuarios activos, no parecen demasiado confiados. Twitter descartó las previsiones de ventas. En su lugar, se centrará en los beneficios antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización.

La compañía lleva un tiempo reduciendo puestos de trabajo. Este recorte llegó a parecer extraño; ahora tiene más sentido. Si los ingresos no crecen, hay que reducir considerablemente los costes.

Twitter hizo progresos incluso en su gasto más indignante: el pago en acciones, que cayó 10 por ciento. Pero, teniendo en cuenta que el año pasado ascendió a 600 millones de dólares, sigue siendo una enorme barrera para la rentabilidad y un factor constante de dilución para los sufridos accionistas.

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