En los primeros seis meses del año cerca de 400,000 millones de dólares de deuda corporativa con grado de inversión en el mundo se ha degradado a grado especulativo, o high yield, es decir, de alto rendimiento, sin embargo, no se ha disparado la venta de este tipo de activos, de acuerdo con analistas del mercado de deuda.

“Cerca que ocurre un ángel caído, no observamos en promedio impacto en los precios del CDS, y solo alrededor de 1% en la baja del precio del bono.... Esto indica que no hay un impacto significativo en el corto plazo en los precios de mercado este año”, dijo Moodys’s Investors Service en una nota para inversionistas.

Uno de los motivos de la preocupación es que ciertos inversionistas institucionales no pueden mantener instrumentos sin grado de inversión.

En el primer semestre del 2020 la agencia rebajó la calificación de 31 instituciones no financieras a grado de especulación, desde grado de inversión.

Un análisis del administrador de activos BlackRock señala que los programas de compra de activos por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos ha sido un soporte para el mercado de high yield, aunque está limitado a emisores que mantuvieran el grado de inversión al 22 de marzo y que sean de origen estadounidense, o con gran parte de sus operaciones en dicha región.

Moody’s refiere que aunque el temor era válido, omite que los participantes del mercado buscan adelantarse. “Si un inversionista espera un ajuste negativo a la calificación podría vender antes de que este ocurra, lo que podría limitar cualquier baja en el precio después de una acción en la calificación”, explica.

Incluso los análisis históricos sugieren que los precios de los bonos caen poco antes o después de que se realiza la rebaja en la calificación, pero los impactos cuantitativos en los costos de los préstamos no son relevantes, en tanto que el patrón en los movimientos en precios varía. Un estudio refiere que el ajuste en el precio ocurre hasta 90 días antes.

claudia.tejeda@eleconomista.mx