La semana pasada se reunió la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) para evaluar el futuro de la política monetaria en nuestro país.

Los analistas esperábamos dos cosas: una, que la tasa de interés interbancaria permaneciera sin cambios; dos, que el tono del comunicado de política monetaria fuera más dovish, esto es más optimista ante el drástico ajuste que sufrió la inflación a finales del año pasado que dejó la medición anual en un nivel muy cómodo (3.57%) dentro del margen de 3% más/menos un punto porcentual.

Con respecto a estos temas, el Banxico no sorprendió, la tasa de referencia se mantuvo sin cambios en 4.5%, mientras que se mostró satisfecho con la tendencia que la inflación registró en los últimos meses del 2012.

En este sentido, dentro del comunicado se destaca que la significativa reducción de la inflación ha tenido lugar en un entorno en el que la política monetaria ha contribuido a que los ajustes en precios relativos en la economía se hayan dado de manera ordenada y sin efectos de segundo orden.

En relación a esto último, el instituto central menciona que no se presentaron presiones inflacionarias por el lado de la demanda y que las expectativas de inflación de mediano y largo plazo se mantuvieron estables al tiempo que no se presentaron aumentos generales y desproporcionados en los indicadores de incrementos salariales.

Más aún, el Banxico se muestra confiado en que durante el presente año las cosas en materia de inflación serán mejor que el año pasado al destacar que espera que la medición anual se ubique no sólo por debajo de los niveles registrados en el 2012, sino que se acerque más al objetivo puntual de 3%, mientras que para la inflación subyacente anticipa un nivel por debajo de esa meta.

Hasta aquí todo resultó como se esperaba. Lo que derivó en una sorpresa fue el hecho de que el Banco de México manifestara explícitamente su intención de entrar en una etapa de mayor flexibilización monetaria, intención que contrasta con la postura de hace algunos meses de endurecer la política monetaria.

Claramente, las condiciones de inflación son diferentes, pero la amenaza de una desaceleración ha estado presente desde hace mucho tiempo y sin embargo, las tasas de interés deliberadamente se mantuvieron inalteradas en 4.5 por ciento.

En el comunicado de política monetaria, el Banco de México menciona que de consolidarse un escenario de menores presiones inflacionarias, podría ser aconsejable una reducción del objetivo de la tasa de interés interbancaria a un día para facilitar el ajuste de la economía a una situación de menor crecimiento económico y menor inflación .

La pregunta que todo mundo se hace es si efectivamente el Banxico va a recortar las tasas de interés; me parece que no necesariamente. Hay que recordar que cuando la inflación se ubicó por encima de 4% y amenazó con incrementar las tasas en varios comunicados no lo hizo, y ahora es necesario que se cumplan varias premisas antes de estimar un recorte.

Sin lugar a dudas, lo primero que tendría que suceder es que la economía se desacelere de manera significativa y esto, la verdad, no lo veo.

Desde mi punto de vista, y pese a lo que muchos piensan, el PIB de México se expandirá cerca de 4% debido a que los dos motores de la economía seguirán en marcha, tanto el motor de las exportaciones como el del mercado interno.

Por otro lado, si bien es cierto que una economía que crece genera ciertas presiones inflacionarias, no creo que enfrentemos una escalada generalizada de precios. Me parece que la inflación en este 2013 se puede acercar más probablemente a 4 que a 3%, lo que dejaría sin argumentos al Banxico para asumir una política monetaria más expansiva.

De esta forma, me inclino más a pensar que no es inminente un recorte de las tasas de interés. No obstante, es bueno saber que el Banco de México tiene el dedo en el gatillo para actuar en caso de ser necesario.?

*Manuel Guzmán M. es director ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve Por Más.