El día de hoy sabremos que hará la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) con su postura de política monetaria. La decisión es difícil y bien podría representar un giro interesante a la estructura en que han navegado los mercados en los últimos años. A partir de la desaceleración que se experimentó durante el verano en EU, los inversionistas a nivel global han dado por hecho que la Fed incrementará el estímulo monetario.

Esta visión se vio reforzada por la publicación de las últimas minutas del Comité de Mercado Abierto, en que se evidenció la preocupación sobre el estado de la economía y los riesgos que enfrentaba. La situación, según el reporte, justificaba la aplicación de nuevas medidas de estímulo monetario.

El mismo presidente de la Fed, Ben Benranke, reconoció que la escasísima mejora del empleo es algo grave y no desmintió la inclinación hacia ampliar los estímulos en caso de ser necesario en su discurso en la reunión de banqueros centrales en Jackson Hole, a finales de agosto.

En tal reunión, Bernanke delineó las acciones que la Fed podría adoptar en caso de ser necesario.

El banco central podría anunciar una nueva ronda de recompra de bonos conocida como relajamiento cuantitativo (QE, por su sigla en inglés) y aumentar su hoja de balance (imprimir dinero) por tercera vez desde el 2008.

También podría confirmar su intención de mantener la tasa de referencia en un nivel de cero más allá del 2014. Ambas acciones son maneras de mantener bajas las tasas de interés e incentivar la toma de riesgos.

Pero, como decíamos, la justificación no es tan clara. En las ocasiones anteriores en que la Fed aplicó un programa agresivo de recompra de bonos el crecimiento se desaceleraba con fuerza. Hoy en día, existe información que describe cierta consistencia de la actividad económica en rubros como el consumo y el sector inmobiliario, a pesar de que el ritmo de recuperación del empleo no sea satisfactorio.

Asimismo, la grave preocupación que representaba el riesgo de una ruptura o de un evento de turbulencia en Europa debe haber disminuido ante las acciones del Banco Central Europeo (BCE) adoptadas la semana anterior en donde, a través de un programa similar de recompras, puso orden en el mercado de dinero de la región.

Por último, las expectativas de inflación no son iguales a los episodios previos. Tanto en noviembre del 2009 (QE1), como en septiembre del 2010 (QE2) y en septiembre del 2011 (Operación Twist) las expectativas de inflación implícitas eran descendientes y negativas.

La Fed actuó para prevenir la evolución de un entorno deflacionario. En esta ocasión, las expectativas de inflación son positivas y han aumentado en los últimos dos meses por la presión de los precios de los granos y de la gasolina.

En el pasado, ha sucedido que las tasas de interés de largo plazo repuntan inmediatamente después de la aparición de los estímulos monetarios ante la idea de que éstos pueden desencadenar una presión inflacionaria; a final de cuentas ese era parte de su objetivo.

Estas presiones desaparecieron cuando la economía perdió gas y aparecieron nuevos factores de riesgo que han mantenido limitada la recuperación.

En la situación actual, la decisión de realizar una inyección de liquidez adicional implicaría buscar un impulso en un ambiente menos crítico.

Ello podría, sin duda, darle fuerza al alza de los mercados de capital y en general de los activos de riesgo. Pero también podría hacer más sólido el repunte de las tasas y debilitar el ambiente sobre el que tiene que navegar la recuperación en los siguientes años. Se trata de una decisión trascendente, vamos a ver qué sucede…

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: perspectivas@invex.com.

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