Contrario a lo que muchos aún quieren suponer, los días previos a las elecciones en México no sólo hemos visto una calma en los mercados, sino una importante racha positiva. Esta racha es independiente del comportamiento de los mercados en el exterior y tiene que ver con la apuesta que hacen, en especial los inversionistas foráneos, sobre lo que puede suceder en nuestro país.

En este espacio hemos destacado en múltiples ocasiones la salud financiera de México. La economía crece a tasas positivas, su deuda es relativamente baja, no tiene necesidad de financiarse para pagar los intereses y paga tasas de interés muy elevadas en comparación con los países desarrollados.

Esta condición hace de las inversiones en México algo atractivo. Si los manejadores de fondos a nivel global enfrentan tasas de interés sumamente bajas y bolsas débiles, el rendimiento que ofrecen algunos mercados emergentes como México es más que satisfactorio; en especial si hay la perspectiva de que su moneda se fortalezca.

Es ahí donde está la clave. El nivel y la perspectiva sobre el tipo de cambio le dan validez a la demanda por bonos mexicanos. La mecánica es muy simple, para un inversionista que compra bonos en pesos, 4.5% de tasa de interés anual puede ser muy interesante, siempre y cuando no se devalúe el peso, ya que una devaluación mermaría sus ganancias al convertir su inversión de nuevo a dólares.

Pero si la expectativa es de una posible revaluación, las ganancias se pueden multiplicar y resulta un regalo comprar los bonos mexicanos.

Tal y como mencionábamos la semana pasada. Un flujo importante de compra de inversionistas extranjeros se ha suscitado en el mercado de bonos M. Por tal motivo, las tasas de interés de largo plazo en pesos han descendido a niveles nunca vistos.

En esta semana, este fenómeno parece extenderse al mercado de capitales, en donde el Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa ha alcanzado casi los 40,000 puntos. Este avance tiene dos palancas: una es el anuncio de la negociación de compra de 50% de Grupo Modelo por parte de InBev, por un monto que podría ascender a 12,000 millones de dólares (esto acentúa la impresión de que entrarán más dólares); la otra es el particular entusiasmo de las afores, común en cada fin de trimestre.

Lo que estamos viendo en estos días podría ser pasajero. Desde nuestro punto de vista, los elementos de riesgo e incertidumbre han cambiado muy poco.

Alemania ha rechazado por completo la posibilidad de una emisión conjunta de bonos en la zona del euro y hay pocas expectativas de que los acuerdos que se tomen entre los líderes en la reunión entre hoy y mañana ayuden de forma importante a contrarrestar la crisis de la deuda en la región.

Existe mucha fragilidad y poco margen de error en los asuntos que se tienen que resolver relacionados con el excesivo endeudamiento. La posibilidad de que haya nuevos episodios de presión en los mercados y una búsqueda de refugios seguros por parte de los inversionistas es aún latente.

Pero, a pesar de ello, la actitud hacia México en los últimos días no concuerda con los temores relacionados con una inestabilidad derivada del resultado de las elecciones.

Más bien puede interpretarse que los inversionistas, tanto a nivel local como global, apuestan a un resultado poco sorpresivo y a la ausencia de agitación en los días posteriores.

Eso suena más lógico, aunque al calor de las emociones que se desatan en estas ocasiones a muchos les pueda parecer aberrante.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: perspectivas@invex.com.

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