Grecia sólo representa 2.8% de la economía de la zona euro; con respecto al PIB mundial su peso es de apenas 0.6 por ciento. No obstante, las consecuencias del desorden financiero griego están repercutiendo en todos los mercados del mundo, principalmente en los de dicha región.

Los inversionistas están descontando en estos momentos que la deuda de Grecia tendrá que entrar en una fase de reestructura. Los altos déficit fiscal y comercial, y el elevado tamaño de su deuda (110% del Producto Interno Bruto), combinados con una situación de bajo crecimiento y con la forzada estrategia de austeridad hacen imposible que Grecia vaya a cumplir con sus obligaciones financieras.

¿Cómo es que los problemas de un país pequeño causan tantos estragos?

Esto no es nuevo, le pasó México en 1982 y estuvo a punto de volver a suceder en el 95, les sucedió a varios países asiáticos en 1988 y a Argentina en el 99. En todos los casos, hubo al final una solución, pero no dejó de ser un proceso doloroso en los mercados.

En primera instancia, muchos gobiernos europeos, así como inversionistas institucionales, son poseedores de deuda de Grecia que compraron a un valor nominal de 100 y que ahora tendrán que vender a menos de la mitad.

Esto no es una noticia agradable cuando los bancos y los gobiernos gozan de fuertes restricciones derivadas de la crisis hipotecaria estadounidense.

En segunda instancia, la necesidad de aportar recursos en el caso de algunos países, y de aplicar fuertes medidas de austeridad en otros, implica un panorama de crecimiento poco favorable en momentos en que se planteaba una recuperación sólida.

Por último, se trata de un asunto que no es exclusivo de los griegos. Al tomar medidas de emergencia para salir rápido de la crisis, muchos países desarrollados generaron enormes déficit en su cuenta pública y en un plazo muy corto han elevado sustancialmente su endeudamiento.

Al día de hoy el número de países que tienen un déficit fiscal superior a 10% de su PIB equivale a 45% del producto mundial. Países como Estados Unidos, Reino Unido y la India son un ejemplo de esto; también desde luego países miembros de la comunidad europea como Grecia, Portugal, España, Irlanda e Islandia.

Poco a poco, al recuperarse el crecimiento, los inversionistas comienzan a cuestionar cómo se revertirán tales desajustes. Aquellos que se han excedido y que no cuentan con un perfil de crecimiento sólido están siendo llamados a juicio.

Los gobiernos de la mayoría de estos países deben mostrar una seria preocupación por plantear una solución a esta problemática que sea creíble a los ojos de los mercados, de lo contrario, éstos se lo cobrarán en la forma de elevados costos de financiamiento.

Alguna vez ya escribimos aquí que la solución en el papel es fácil, necesitas detonar un aumento de crecimiento, incrementar los ingresos públicos y dejar de gastar. Sin embargo, en la práctica cuesta mucho asumirlas.

Estamos en una nueva etapa de la crisis en donde las autoridades deberán hacer creíble que es posible sostener la recuperación y al mismo tiempo deshacer los fuertes desbalances fiscales. De entrada es difícil no pensar que resolver esta problemática tendrá un costo reflejado principalmente en un crecimiento limitado. Se vienen, pues, reformas en ese sentido y lo único que podemos decir es que la historia de los mercados no puede ser la misma.

Rodolfo Campuzano Meza es Director de Análisis de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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