Entre 1993 y el 2014 la balanza comercial petrolera había significado consecutivamente ingresos netos de divisas para el país. En el 2006 se registró un superávit récord en la balanza petrolera por 19,380 millones de dólares, resultado de exportaciones e importaciones por 39,017 y 19,637 millones de dólares, respectivamente, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (Inegi).

Después de ese máximo histórico en las cuentas externas, paulatinamente se fue diluyendo el superávit y para el cierre del 2014 se registró el último saldo positivo en la balanza petrolera con 880 millones de dólares. Para el 2015 se registró el primer gran déficit en esta cuenta con 10,188 millones de dólares, cifra que para el 2017 fue de 18,402 millones de dólares, un deterioro de 81% en tan sólo dos años, lo que significó que la participación financiera de la petrolera mexicana pasó de ser una generadora importante de divisas a una consumidora creciente de las mismas.

se apaga lentamente

Tras alcanzar un nivel de producción de 3.4 millones de barriles diarios en el 2004, Petróleos Mexicanos (Pemex) estableció un nivel récord, sin embargo, ese fue su punto más álgido, toda vez que para el siguiente año la producción de crudo se redujo en 1.9%, lo cual sólo fue el aviso de que se había agotado la fuerza con que venía creciendo la producción del hidrocarburo en el país.

Para los siguientes años, la baja en la extracción de crudo entró en una fuerte tendencia de baja, misma de la cual, a la fecha, no se le ve fondo.

De acuerdo con Pemex, a septiembre del 2017 la producción de crudo fue de 1.93 millones  de barriles diarios (mbd), ello acusa de una caída de 5.0% cada año desde el 2004, de una baja en el volumen de producción de 43%, el recurso que se está obteniendo es casi la mitad del de hace 13 años. La caída en la  producción de crudo se reflejó de igual manera en la refinación de gasolinas. El estancamiento en la refinación implicó que el abastecimiento para el mercado interno creció a la velocidad que lo hacía la demanda interna, de forma tal que entre el 2004 y 2007 la compra de gasolina del exterior, particularmente de las refinerías de Estados Unidos, aumentó en 725%, 21.6% cada año, para hacer frente a la creciente demanda del autotransporte en el país, así como de los automovilistas, esto significó una fuerte carga para las cuentas externas.