Es muy probable que los bancos centrales tengan que tomar medidas muy poco convencionales ante la situación financiera global, deberán de estar preparados desde ya.

¿Qué podrían hacer los bancos centrales si llegara una nueva recesión y los tipos de interés fueran mucho menores que los de antes de 2008? Según un informe realizado por la Resolution Foundation de Londres, es muy probable que suceda esto, y los bancos centrales necesitan estar preparados ante esta eventualidad. La parte más importante de esta preparación consiste en convencer a la opinión pública de que saben qué harían si ocurriera.

Actualmente, ocho años y medio después de que aparecieran los primeros signos de la crisis financiera, el tipo de interés a corto plazo más alto que aplican los principales bancos centrales del mundo -la Reserva Federal, el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra- es del 0.5%, del Banco de Inglaterra, que lleva en vigor desde marzo de 2009 y sin perspectivas de que aumente.

El BCE y el Banco de Japón tienen incluso tipos negativos, el segundo después de más de 20 años con los tipos de interés a corto plazo en el 0.5% o menos. La situación en el Reino Unido podría no ser tan grave, pero a pesar de ello, según las últimas previsiones de mercado, el tipo básico será de aproximadamente el 1.6% en 2021 y de alrededor del 2.5% en 2025, menos de la mitad que en 2007.

La probabilidad de que se produzca una recesión importante en el Reino Unido antes de 2025 es muy alta, y seguramente también lo es para Estados Unidos, la eurozona y Japón. De hecho, actualmente ya hay riesgo de que llegue una recesión debido a los desequilibrios con la economía china y a las dificultades de muchas economías emergentes. Es probable que las economías de renta alta entren en recesión teniendo mucho menos margen de actuación en términos de medidas monetarias convencionales que antes de recesiones anteriores.

Ante esta situación habría varias opciones. Una sería no hacer nada. Muchos dirían que eso sería positivo porque daría lugar a la depresión limpiadora que necesita el mundo. Pero personalmente creo que esta idea es una locura, dado el daño que haría al tejido social.

Una segunda posibilidad sería cambiar de objetivos y pasar a tener, por ejemplo, objetivos de crecimiento, objetivos de PIB nominal o un objetivo de inflación más alto. Probablemente hubiera sido aconsejable haber tenido un objetivo de inflación más alto que el actual. Pero cambiarlo cuando los bancos centrales son incapaces de cumplir el objetivo más bajo de ahora podría desestabilizar las expectativas sin mejorar los resultados.

Además, al no disponer de instrumentos eficaces, un objetivo más ambicioso simplemente podría parecer grandilocuencia vacía. Así que la tercera posibilidad consistiría en cambiar de instrumentos o utilizar los ya existentes con más fuerza.

Un instrumento no muy debatido sería organizar un proceso de desapalancamiento de las economías. Para ello podría ser necesario convertir deuda en capital. Pero aunque esta medida es deseable en circunstancias extremas, sería difícil de aplicar en la práctica.

Otro sería incrementar la escala de la expansión cuantitativa. Al final del tercer trimestre del año pasado, el balance del Banco de Japón era del 70% del PIB, mientras que los de la Reserva Federal, el BCE y el Banco de Inglaterra eran de menos del 30%. Estos tres bancos centrales podrían seguir el ejemplo de Japón. También podrían comprar otros tipos de activos, como bonos en divisas extranjeras. Pero eso sería provocador e innecesario. Las medidas del Banco de Japón y el BCE han dado lugar a grandes depreciaciones de sus monedas sin que sea tan evidente.

Otro instrumento serían los tipos de interés negativos, que aplican actualmente el BCE, el Banco de Japón y los bancos centrales de Dinamarca, Suecia y Suiza. Haciendo uso de trucos inteligentes es posible imponer tipos de interés negativos a las reservas bancarias en el margen, generando con ello tipos de interés negativos en los mercados sin imponer tipos negativos a los depositantes. No está claro hasta qué punto se puede hacer esto, teniendo en cuenta que el dinero en efectivo sigue siendo una alternativa.

Pasado un cierto punto, las personas se decantan por los recibos de propiedad avalados por dinero en efectivo, a menos que se imponga un impuesto de penalización a la retirada por parte de los bancos o se abola por completo el dinero en efectivo. Por otra parte, no está claro lo económicamente eficaz que serían los tipos negativos, aparte de que provocarían la depreciación de monedas.

Un último instrumento sería el "dinero helicóptero": la emisión permanente de dinero con el propósito de promover la adquisición de bienes y servicios, ya sea por el gobierno o por los ciudadanos. Desde un punto de vista monetario esto equivale a una expansión cuantitativa intencionalmente permanente. Por supuesto, la expansión cuantitativa propiamente dicha podría llegar a ser permanente después: eso es lo que probablemente suceda ahora en Japón. Pero por otra parte la emisión de dinero supuestamente permanente podría resultar ser temporal. No obstante, si el dinero se destinara directamente a aumentar el gasto del gobierno, diera lugar a una reducción de impuestos o pasara a las cuentas bancarias de la gente, sin duda tendría un efecto. El punto crucial es que los bancos centrales controlen la cantidad de dinero a emitir como parte de su labor.

Personalmente, yo preferiría el último instrumento. Pero en este momento es esencial reconocer que existe una gran probabilidad de que la próxima vez haya que recurrir a medidas aún menos convencionales. Así que hay que preparar el terreno de antemano. Los bancos centrales deberían llenar estos espacios en blanco ahora, no después de que llegue la próxima recesión.

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