En los últimos días, hemos sido testigos de una fuerte y rápida apreciación del peso frente al dólar de la mano de un comportamiento positivo del mercado bursátil. Muchos inversionistas y amigos me han preguntado sobre las razones que explican este súbito fortalecimiento del peso, que registró cotizaciones de hasta 12.70 por dólar y si esta apreciación es duradera.

Lo primero que habría que destacar es que este movimiento del peso no debe sorprender a nadie. En diferentes ocasiones, hemos insistido en que México tiene una balanza de pagos muy sólida que se refleja en el superávit de la misma, es decir, en las reservas internacionales, que hoy se encuentran por encima de los 160,000 millones de dólares, lo que representa un nivel máximo histórico y que se presentan como un indicador más robusto si se suman los recursos de la Línea de Crédito Flexible de 72,000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional.

Adicionalmente, se presentaron en los últimos días una serie de acontecimientos tanto en el entorno nacional como en el internacional que hicieron disminuir la percepción del riesgo, iniciando de esta forma un comportamiento favorable de los mercados financieros.

En el contexto global, habría que destacar quizá tres elementos que empezaron a cambiar la fisonomía del mundo y de México, al menos en el corto plazo. Por un lado, se ha venido fortaleciendo la idea de que nuestro país tiene fundamentos macroeconómicos sustancialmente mejores que los de otros países emergentes y, por supuesto, que los de la mayoría de las economías avanzadas.

En Europa, la Corte Constitucional de Alemania respaldó el Mecanismo de Estabilidad Europea.

Paralelamente, la Reserva Federal de Estados Unidos liberó su tercer programa de estímulo monetario (QE3) que implica, entre otras cosas, la compra de 40,000 millones de dólares mensuales de bonos respaldados en activos.

Otro tema no menos importante derivado de la última reunión de la Fed fue el anuncio de que la tasa de referencia se mantendría en un rango de entre cero y 0.25% hasta mediados del 2015. Esta política monetaria altamente expansiva busca inyectar un mayor estímulo a la demanda agregada y detonar un mayor crecimiento y una reducción sustancial de la tasa de desempleo.

En la perspectiva local, hay noticias también favorables. Hay que tener presente que las elecciones electorales se llevaron a cabo sin mayor problema y que no se materializaron los temores respecto de un conflicto poselectoral que pudiera haber afectado, al menos, la imagen del país.

Otro tema relevante tiene que ver con la posibilidad real de que, al final de la actual administración y de manera más evidente en el gobierno entrante, salgan adelante reformas estructurales para el país y que, de instrumentarse de manera oportuna, coadyuvarían a que México se catapulte a otras ligas de crecimiento y desarrollo económico.

Con un mejor entorno interno y global, Moody’s anunció recientemente que la nota de la deuda soberana de México podría incrementarse de Baa1 a A3 , ante la posibilidad de que el nuevo gobierno apruebe reformas estructurales como la fiscal.

Este ambiente de mayor optimismo respecto del futuro de México ha propiciado una fuerte entrada de recursos financieros que buscan mayores rendimientos pero con un riesgo menor que el asociado a otras economías del mundo.

Así las cosas es previsible que la percepción de que México es un país que se presenta al mundo con sólidos equilibrios macroeconómicos y con un alto potencial de crecimiento siga contribuyendo a la atracción de divisas. De esta forma, aunque seguirán los vaivenes del peso, la tendencia es hacia la apreciación; pararse enfrente del peso con esta condición fundamental es altamente riesgoso.

*Manuel Guzmán M. es director ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve Por Más.