El peso de Chile tocó su peor nivel en la historia contra el dólar, debido a la inestabilidad política que vive, en medio de una avalancha de protestas y acusaciones de ataques contra los derechos humanos por parte del gobierno de Sebastián Piñera. Los mercados evalúan el anuncio de una nueva Constitución, que ha movido a la divisa.

El cruce tocó un máximo de 800.15 unidades por dólar, con una depreciación de hasta -5.3%, en la cuarta semana de protestas en el país. La situación compleja ha desatado una enorme ola de volatilidad. En su mejor nivel de ayer, el peso chileno tocó un mínimo de 759.05, que significa una diferencia de 41.10 unidades (5.41 por ciento).

 

El ministro de Hacienda chileno, Ignacio Briones, dijo a la población que el fuerte retroceso cambiario "es una señal de inquietud que estamos siguiendo muy atentamente". "La caída del peso tiene impactos en los precios, la inflación, en toda la cartera de bienes que consumimos y marca una preocupación", añadió el funcionario.

Banco central no intervendrá

El presidente del Banco Central de Chile, Mario Marcel, aseguró que la institución monetaria no intervendrá para reducir la caída de su divisa de forma artificial. El banquero central dijo que las cifras fundamentales de la economía de Chile son sólidas y que las caídas eran de esperarse tras el largo periodo de protestas.

"Chile tiene un sistema financiero solvente, una baja exposición cambiaria de los agentes económicos, una situación fiscal sólida, un nivel adecuado de reservas internacionales y fondos soberanos, expectativas de inflación ancladas en 3 por ciento", destacó Marcel en un comunicado emitido por el banco central.

Las protestas

Las protestas en Chile cumplen cuatro semanas desde su inicio. Estallaron tras la decisión del gobierno de Piñera de elevar el costo del boleto del Metro de Chile, por recomendación de un panel de expertos en transporte público. Con el movimiento, el costo del pasaje fue de 830 pesos chilenos, más de un dólar estadounidense.

El enojo social se dirigió hacia otras áreas y despertó antiguas inconformidades entre la población. La situación se tornó más complicada cuando en las protestas, los chilenos comenzaron a quemar instalaciones del Metro y otras instalaciones públicas. El gobierno decretó estado de emergencia y desplegó a militares.

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