Como hemos platicado en diversas ocasiones, los mercados se mueven con base en lo que perciben que es la realidad y no necesariamente en lo que es real.

Hoy existe la percepción de que la economía estadounidense está recuperando la senda del crecimiento a pasos lentos, pero firmes. Es un hecho que en el cuarto trimestre, la economía de ese país mostró un crecimiento que no había mostrado desde hace tiempo al ubicarse en 3.2% anualizado. También es cierto que la tasa de desempleo se ha bajado desde niveles de 7.9 a 6.7% en el transcurso de un año; ambas, condiciones que la propia Reserva Federal había puesto para iniciar el retiro de apoyos al mercado o el famoso tapering del programa de estímulos conocido como el QE3.

Sin embargo, hay también que reconocer que las señales de crecimiento en los Estados Unidos aún son endebles. Hay semanas en las que las solicitudes de subsidios por desempleo entusiasman a los mercados y otras en las que simplemente muestran que la recuperación no es suficiente y que quizá en el balance final aún no se recuperan los empleos que requiere la economía. Simple y sencillamente, se habla de que la economía estadounidense necesita generar alrededor de 300,000 empleos mensuales para poder llegar en un plazo razonable a los niveles de empleo que existían antes de la crisis del 2008. Hasta este momento, no hemos visto esa recuperación.

Por lo pronto, la Fed ya recorto en 10,000 millones los apoyos el pasado 18 de diciembre para arrancar en enero de este año; el miércoles pasado sacó las tijeras de nueva cuenta para recortar 10,000 millones más a partir de este mes, por lo tanto, la Fed estará inyectando 65,000 millones de dólares en lugar de los 85,000 anteriores.

Como vivimos en un mundo global, no podíamos esperar que los efectos se sintieran sólo en las Bolsas de Estados Unidos o en su divisa. El mayor impacto ya se hizo sentir en las economías emergentes. Así, el dólar estadounidense tuvo su mayor ganancia mensual durante enero desde mayo del año pasado, al ganar terreno frente a una canasta de divisas al generar que los inversionistas se salieran en desbandada de los mercados emergentes en busca de seguridad para sus inversiones.

En Estados Unidos, el índice Standard and Poor’s 500 cayó 3.6% en el mes, mientras que el bono a 10 años vio su precio incrementado para reducir su rendimiento en 38 puntos base para ubicarlo en niveles de 2.64%, el menor desde el 7 de noviembre pasado.

En los mercados emergentes las cosas simplemente se complicaron en países como Turquía, el cual se apuró a subir su tasa de referencia para evitar fuga de capitales, seguido por países como Brasil, que ya ubican su tasa en niveles de 10.5%, mientras que Rusia, Tailandia y -por supuesto- Argentina ya recibieron la factura. En el caso de Argentina, el peso se depreció frente al dólar un escandaloso 19% a lo largo del mes, lo que genera inquietud entre los inversionistas al existir la posibilidad de contagio al resto de América Latina.

Mientras tanto, México ha visto también presiones sobre el peso; sin embargo, la idea de que Estados Unidos esté en franca recuperación beneficia las exportaciones y la actividad económica de nuestro país, lo que nos deja mejor parados frente a otros países de la región. Por otra parte, las reformas estructurales aprobadas el año pasado nos permiten la posibilidad de recibir inversiones de capital además de las de cartera.

Sin embargo, ¿qué pasaría de pronto si la percepción sobre el crecimiento económico de Estados Unidos cambia o sí se percibe a América Latina como de alto riesgo?

Lo único seguro es que la volatilidad seguirá al tope lo que resta del año y por eso hoy más que nunca hay que tomar coberturas.