Pemex se encuentra, según la escala de Moody’s, en “Baa3” desde el año 2016.  Esta nota es equivalente a “BBB-”, a la que fue degradada por Fitch hace dos semanas. Es decir, las emisiones de Pemex se encuentran a un paso de caer en calificación especulativa, los llamados bonos basura, desde el 2016.

En aquel año, el 31 de enero, Pemex recibió un recorte de calificación de dos escalones por parte de Moody’s, que la dejó en “Baa3”, con perspectiva Negativa. Estaba al frente de la petrolera Emilio Lozoya Austin.

El diagnóstico de Moody’s, afirmaba que la deuda de la petrolera era inmanejable, con vencimientos que ascendieron a 11,700 millones de dólares al cierre del 2016.

El recorte fue respondido con un cambio en la dirección de Pemex. Entraba José Antonio González Anaya, quien traía en su currículum vitae  la estabilización de las finanzas del IMSS.

En ese mismo año, la petrolera enfrentó el desplome del precio del barril desde 100 dólares hasta 21 por unidad. La administración de González Anaya respondió con un recorte presupuestal de 100,000 millones de pesos.

Tal como lo explicó en ese momento Moody’s, “Pemex ha sido por años una empresa ineficiente”. Las situaciones que llevaron a Moody’s al recorte de calificación de Pemex, desde hace tres años, fueron la falta de eficiencia en sus inversiones en el presupuesto y en el gasto.

A diferencia de otras petroleras estatales, que como Pemex enfrentaron la caída mundial del precio del petróleo, la mexicana siguió incrementando su presupuesto, mientras Ecopetrol de Colombia o Statoil de Noruega recortaron sus gastos.

Durante los tres años de Lozoya al frente de Pemex, gestionó un incremento de 13% en el presupuesto total, que pasó de 476,660 millones de pesos en el 2013, a 478,282 millones en enero del 2016. El monto se redujo a 391,946 en el 2017, con González Anaya administrando la paraestatal.

Bajo la batuta de Lozoya, la petrolera declaró pérdidas netas por 712,500 millones de pesos en el 2015, las mayores en la historia. Con el agravante de haber presentado un incremento en los gastos extra en los que incurrió la empresa, tales como vuelos en helicóptero para el directivo y sus acompañantes, así como la compra de un avión para tareas de patrullaje.

Analistas de Moody’s han explicado que cuando Pemex ha tenido voluntad y capacidad para ejecutar un plan bien estructurado, sí consiguió apretarse el cinturón, “como pasó en el 2016”, precisamente cuando González Anaya estuvo al frente.