Los países de la OPEP y sus socios petroleros, entre ellos Rusia, buscaron ayer un difícil acuerdo sobre el nivel de producción de crudo, en medio de tensiones entre los que quieren aumentarla y los que prefieren mantener su nivel actual.

En el primer grupo están Rusia y Arabia Saudí que intentarán convencer a sus socios en dos reuniones consecutivas en Viena, el viernes y el sábado.

Pero otros países, como Irán y Venezuela, son muchos más reacios. En el caso iraní porque el gobierno está bajo la amenaza de nuevas sanciones de Estados Unidos que le impedirían aumentar la producción y porque teme además que la medida haga caer los precios.

A todo ello se añaden las presiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que la semana pasada acusó directamente a la OPEP de ser responsable de los altos precios del crudo en los últimos meses.

“Se necesita unanimidad y no creo que en esta reunión podamos llegar a un acuerdo”, dijo a su llegada a Viena este martes el ministro iraní del petróleo, Bijan Zanganeh, acusando de nuevo a Trump de electoralista por la proximidad de las legislativas, en noviembre.

“Creo que los precios altos están apoyados por el presidente Trump. Los precios altos benefician a su producción de petróleo de esquisto (...) Pero de cara a la opinión pública estadounidense, Trump quiere demostrar que está en contra de los precios altos”, aseguró el ministro.

Desde el 2016, los 14 miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otros 10 países petroleros, entre ellos Rusia y México, tienen un acuerdo para limitar la producción que ha dado sus frutos, con precios al alza que en el segundo trimestre del 2018 superan los 70 dólares el barril, comparados con los menos de 30 dólares que llegaron a valer a principios del 2016.

El acuerdo actual, renovado el año pasado, obliga a los 24 países (la llamada OPEP+, que suma más de 50% de la producción mundial), a reducir su producción en un total de 1.8 millones barriles diarios.

Caídas en Irán y Venezuela

Pero el cambio de contexto y la posibilidad de nuevas sanciones económicas a Irán, así como la caída de la producción en Venezuela, entre otras razones, han llevado a Rusia y Arabia Saudí, los productores más importantes del grupo, a querer aumentar la producción.

“En el tercer trimestre, la demanda de petróleo está en su nivel más alto por lo que, si no se toman medidas, podemos esperar escasez en el mercado”, dijo desde Minsk (Bielorrusia) el ministro ruso de Energía, Alexander Novak.

“Esta reunión estará muy politizada”, aseguró por su parte a la AFP Amrita Sen, un analista de Energy Aspects.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), sólo algunos países, como Arabia Saudí, Rusia, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, tienen capacidad para aumentar su producción. El resto, como Irán o Venezuela, prefieren asegurarse precios altos para vender su producción limitada de crudo.

“El problema de Venezuela no son las sanciones de Estados Unidos, las sanciones son secundarias, esta no es la razón de la caída de la producción. La producción de Venezuela está cayendo por años sin invertir, no tienen dinero”, apunta Sen.

La semana pasada la AIE advirtió específicamente del declive de la producción petrolera en Venezuela e Irán en los próximos meses. Según datos de la OPEP, el país latinoamericano produjo 1 millón 392,000 barriles diarios en mayo, una caída importante comparados con los más de 2 millones de barriles diarios que extrajo en el 2016.

A pesar de las posiciones de cada país, muchos ven posible un acuerdo. “Al final la guerra es la guerra y los negocios son los negocios, la OPEP siempre ha logrado superar muchas diferencias”, afirma el analista.