Los mercados apuntan a un ajuste a la baja mayor. Luce complicado encontrar una salida a la maraña que se ha vuelto la crisis europea. La percepción de riesgo se ha intensificado y tal parece que permanecerá sobre los mercados durante el verano.

No hay de dónde pescarse para justificar la toma de mayor riesgo. Incluso con una óptica agresiva, los precios en las bolsas no lucen lo suficientemente atractivos. Sobre la mesa se encuentran enormes factores de riesgo que pueden desencadenar otro verano de pérdidas relevantes.

Por ello, a pesar de la liquidez y de la escasez de alternativas, los inversionistas prefieren apelar a la prudencia.

Entre los factores de riesgo destacan:

1. La crisis en Europa. La situación es bastante complicada. El problema político en Grecia es un auténtico Sudoku; no hay un gobierno formado y los partidos que han escalado posiciones en el Congreso insisten en no reconocer los acuerdos hechos con la Troika (el equipo conjunto del Fondo Monetario Internacional, la Comunidad Europea y el Banco Central) en meses pasados.

Hasta el 17 de junio en que se han convocado a nuevas elecciones, cada día habrá nerviosismo en los mercados alrededor de este tema. Se teme la salida del euro y, gracias a ello, ha comenzado un retiro masivo de recursos de los bancos por parte de la población. El riesgo del contagio de España e Italia es alto.

Cualquier solución, incluso la permanencia de Grecia dentro del euro, requerirá mucho talento político y quizás un cambio de esquemas. Esto representa un serio limitante para que vuelva a haber una confianza sólida en los mercados por un tiempo.

2. La desaceleración de China. Estamos de acuerdo, China crecerá a una tasa aún elevada este año, tal vez superior a 7.0 por ciento. Pero ello significa un fuerte freno con respecto a la dinámica mostrada en años pasados.

El impacto a los mercados es directo; principalmente vía el mercado de bienes básicos. En los últimos dos meses vemos una baja relevante de los precios de los metales, el petróleo y otros commodities.

Esto no son buenas noticias para un buen número de países cuyo crecimiento está ligado a la exportación de bienes básicos y sobre todo a su precio; nos referimos a países como Brasil, Rusia, China o Australia, entre otros que no pintan a tener un año favorable debido a esta situación.

3. La fragilidad de la recuperación estadounidense. En Estados Unidos hay, hasta ahora, un proceso de crecimiento modesto pero positivo. No obstante, el agravamiento de la mala situación en otras regiones puede reducirle potencia a la recuperación.

Asimismo, está pendiente un arreglo fiscal en Estados Unidos que se tiene que dar antes del próximo año fiscal.

Hay una serie de ajustes fuertes al gasto previamente acordados que se activarían si en el Congreso no se llega a una propuesta de reducción del déficit creíble. Esto es una amenaza seria y, por lo tanto, una limitante también del crecimiento.

De la solución a estos problemas, nada sencillos, depende que en los mercados vuelva a haber una racha ganadora. Sinceramente, vemos complicado que tal cosa suceda en los próximos meses.

En cuanto a México, muchos serán los que piensen que la presión sobre el tipo de cambio se debe a la cercanía de las elecciones, nada más falso.

El peso se ha devaluado por la inestabilidad de los mercados globales y la amenaza de freno en la recuperación estadounidense.

Mientras esos factores no se eliminen de la percepción de los agentes, no habrá una tendencia de regreso, México no es inmune a lo que pasa en el exterior.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: [email protected] Twitter: @invexbanco.