El entorno económico nuevamente se descompuso ante la noticia por parte del gobierno chino de que modificó su expectativa de crecimiento económico para este año de 8 a 7.5 por ciento. La noticia causó un impacto en los mercados, debido a que el objetivo de crecer 8% ha permanecido sin cambio desde el 2005, además de que el nuevo estimado representa el menor crecimiento desde 1990.

El ajuste deriva de la contracción de la economía internacional y su impacto sobre las ventas externas de la segunda economía más grande del mundo.

Lo interesante es que el gobierno de China ha empezado a instrumentar un programa que le permita encender el otro motor de la economía: el mercado interno.

Ante la debilidad de la demanda externa, el gobierno de China ha decidido emprender esfuerzos para cambiar la fuente del crecimiento económico para basarse ahora en un mayor gasto de los consumidores y en una industria cada vez más intensiva en tecnología de punta.

La idea es, en el mediano plazo, disminuir la fuerte dependencia de las exportaciones y de la mano de obra barata.

Por si esto no fuera poco, la agencia europea de Estadísticas (Eurostat) dio a conocer las cifras sobre el desempeño de la economía de esa región, que muestran resultados poco alentadores.

El Producto Interno Bruto (PIB) de la zona euro registró una caída de 0.3% en el cuarto trimestre del 2011con respecto al trimestre previo, lo que supone la primera caída de la economía de la eurozona desde el primer trimestre del 2009.

Por países la situación se presenta más complicada, toda vez que incluso Alemania registró una contracción de 0.2% en el último trimestre del 2011. Los casos más alarmantes fueron Holanda, Irlanda, Italia y Bélgica, que mostraron una contracción en su PIB por segundo trimestre consecutivo.

Desafortunadamente, en el caso de la economía europea es altamente probable que en el futuro cercano se observe que más y más economías entran en una fase de recesión que seguramente se prolongará por varios años con el consecuente impacto sobre el mercado laboral.

En este marco de cosas se han observado fenómenos que escapan incluso a la teoría económica y que tienen que ver con los bajos niveles de tasas de interés.

Hace unos días, el Tesoro holandés emitió 1,070 millones de euros en obligaciones a tres meses con una tasa de interés de 0.004% y 1,090 en obligaciones a seis meses con una tasa de 0.033 por ciento.

Aunque estas tasas son excesivamente bajas, hay que mencionar que la demanda de estos títulos superó más de dos veces el monto ofrecido.

Aunque resulte extraño, en el caso de Holanda ya se han ofrecido tasas de interés nominales negativas en diciembre del 2011 y en Alemania en enero para el plazo de seis meses también se ofertaron recursos con tasas de interés negativas.

Lo que refleja la gran proclividad de los inversionistas internacionales por buscar activos de bajo riesgo.

En el caso de nuestro país se puede observar algo semejante. La Secretaría de Hacienda dio a conocer una nueva emisión de bonos a 32 años en los mercados internacionales de capital por 2,000 millones de dólares.

La tasa de interés fue de 4.75%, lo que representó el nivel más bajo obtenido por cualquier país latinoamericano para una colocación de igual plazo, la operación registró una demanda de 3.4 veces el monto que las autoridades financieras ofrecieron.

Esto por supuesto es reflejo de los extraordinarios fundamentos con los que cuenta la economía mexicana y la gran aversión al riesgo que existe a nivel global.

Desafortunadamente, la situación en Europa seguirá complicada, lo que pondrá nuevamente en tela de juicio la verdadera capacidad de recuperación de la economía mundial, escenario que generará incertidumbre, volatilidad y aversión al riesgo.

El gran reto para la economía mexicana es aprovechar productivamente la cantidad de recursos que seguirán llegando al país.

Manuel Guzmán M. es director ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve Por Más.