Los mercados emergentes tienden precisamente a eso, a emerger. El atractivo para los inversionistas incluye un formidable potencial de crecimiento, poblaciones jóvenes y, algunas veces, mercados domésticos maduros.

No obstante, México aún no puede atribuirse la estabilidad de Francia. Pero el costo que se cobra para el riesgo entre ambos países es bastante similar, lo que sugiere que un ajuste está por llegar.

Para proteger 10 millones de dólares de bonos del gobierno mexicano contra el incumplimiento de pago en el mercado de seguros CDS, hoy los inversionistas deben disponer de cerca de 104,000 dólares anuales por cinco años, según Markit.

Apenas algo más que el costo de protección que se cobra para Francia, de 73,000 dólares, y mucho más barato que los 252,000 dólares para asegurar los bonos españoles.

Estos precios son un indicio de qué tan complacientes se han convertido los inversionistas ante el riesgo de los mercados emergentes.

En algunos casos, la etiqueta de emergente está fuera de lugar. China es la segunda economía del mundo mientras que México, Perú y Chile han desterrado la hiperinflación y aplastado cargas de deuda.

La deuda circulante en moneda local del mercado emergente se ha triplicado en la última década para alcanzar la cifra de 7 billones de dólares, de acuerdo con JP Morgan.

Pero, incluso cuando algunas economías tradicionalmente grandes y sólidas parecen estar hundiéndose lentamente, la variedad emergente aún no puede ocupar sus lugares.

Entre otras cosas, sus mercados financieros locales necesitan de mucha más profundidad antes de que queden aislados de la volatilidad en otros lugares.

JP Morgan espera que los mercados de deuda emergentes crezcan a un ritmo anual de 10-15 por ciento. Pero tomará años, acaso décadas, antes de que puedan rivalizar, por ejemplo, con el gigantesco mercado de bonos de Estados Unidos, cuyo tamaño es de más de 29 billones de dólares.