Conforme este leyendo estas líneas, el Banco Central Europeo (BCE) habrá notificado a los mercados la decisión de imponer un programa de recompra de bonos soberanos. Se trata de la versión europea de la famosa relajación cuantitativa (QE, por su sigla en inglés) que aplicará la Reserva Federal (Fed) en Estados Unidos desde el 2011 hasta finales del año pasado.

El monto de recompra anunciado fue por 60,000 millones de euros mensuales. El plazo en que duraría esta medida aún es una incógnita. Si se trata de un plazo mayor a un año, estaríamos hablando quizás del paso más decidido de las autoridades monetarias europeas para evitar una situación deflacionaria e intentar revivir a la economía de la región.

En el corto plazo, es de esperarse que el euro se devalúe aún más contra el dólar (ya que la política monetaria en Estados Unidos parece ir en sentido contrario). Asimismo, es probable que los bonos soberanos de largo plazo de toda la región observen bajas adicionales en los réditos que pagan.

Es difícil predecir si habrá un impulso en las bolsas de Europa. No obstante, tendría lógica esperar que a pesar del estancamiento los niveles de los distintos índices se estabilizaran y, en un momento inicial, tuvieran cierto impulso.

Para los mercados en Estados Unidos la decisión también es muy relevante. La acentuación de la revaluación del dólar con respecto al euro (y probablemente contra muchas otras monedas) complica la decisión de la Fed de elevar la tasa de interés.

En un escenario de recuperación del crecimiento y en ausencia de inflación, al menos por ahora, aumentar la tasa de interés y afectar a toda la curva implicaría la posibilidad de recibir mucho más flujos de inversión y, por ende, una revaluación mayor del tipo de cambio del dólar contra el resto de las monedas, algo que a su vez quitaría incentivos a la producción de exportación y presionaría más la inflación a la baja.

Si la Fed es congruente con las declaraciones que hizo una buena parte del año pasado, en el sentido de que no sólo le importa lograr los objetivos de empleo, sino que también es importante la convergencia de la inflación hacia su nivel objetivo de 2%, entonces la probabilidad de que no haga nada debe ser mayor.

Para los mercados emergentes tampoco son muy buenas noticias. Es correcto que los costos de financiamiento seguirán siendo bajos, pero también la idea de un dólar más revaluado y de la permanencia de precios de commodities en donde están implican escenarios de crecimiento muy adversos para muchos. En algunos casos, sigue existiendo el riesgo de situaciones críticas de presión inflacionaria (por las devaluaciones) o de insuficiencia de financiamiento (por no poder vender bienes básicos a un precio mayor).

No en balde, en las últimas dos semanas, hemos visto bajas de tasas de interés de referencia en Rumania, India, Suiza, Egipto, Perú, Dinamarca, Turquía y en Canadá. Todos buscan defender su situación de crecimiento y todos desean mantener el nivel de su moneda contra el dólar.

Seguimos en un mundo de tasas de interés muy bajas. No hay argumentos válidos, sobre todo si la inflación de enero resulta similar al consenso de entre 0.40 y 0.50% (lo que implicaría una baja de la inflación anual a niveles cercanos a 3.5%), para que Banxico aumente las tasas; máxime después de observar cierta estabilidad en el tipo de cambio.

Ahora bien, México no tiene la misma situación que muchos de estos países. La desgracia de Pemex y la potencial falta de ingresos del gobierno se pueden ver compensadas con los menores costos para la industria manufacturera y el impulso en el consumo en Estados Unidos.

En conclusión, los mercados siguen agitados por las decisiones de las autoridades y un panorama muy incierto en cuanto a crecimiento. La etapa de inestabilidad posiblemente aún no termina, tal vez el lunes, después de las elecciones en Grecia, estemos hablando de nuevo de una elevada volatilidad.