En realidad, el nivel que alcance el tipo de cambio en este episodio de devaluación es menos relevante y me parece que no es lo que en el fondo preocupa a los agentes. Más bien es la dificultad con que, en el corto plazo, se vislumbra para que regrese a niveles similares a los previos y el impacto que eso puede tener sobre las expectativas de inflación.

En los últimos años, incluso en el 2008, el tipo de cambio del peso frente al dólar ha experimentado episodios de devaluaciones en algunos casos muy violentas. Las condiciones fundamentales de la economía y la súbita tranquilidad en los mercados globales han generado también revaluaciones de la misma intensidad en periodos muy cortos de tiempo.

Que la cotización llegue incluso a los $15 pesos, sitio ya visitado en la historia reciente, si en determinado momento hubiese una reversión en magnitud similar, producto de factores que le quiten estrés a los mercados globales.

Lamentablemente, en esta ocasión hay elementos que hacen dudar mucho a los participantes en los mercados con relación a tal reversión. En primer lugar, los expertos en el mercado petrolero muestran estimaciones para el corto plazo poco halagüeñas; hay algunos que opinan que el precio del petróleo West Texas Intermediate puede alcanzar los $43 dólares hacia el cierre del primer semestre.

Si dichos vaticinios se concretan, al menos sabemos que la presión en algunos países emergentes será brutal y difícilmente veremos al tipo de cambio ubicarse en niveles menores o semejantes a los que vimos hasta el verano pasado.

En esa misma línea de acción, se observa que en China y en Europa el riesgo de desaceleración en el crecimiento sigue presente. Muy en especial si en China la actividad económica se reduce más, dicho país se vería forzado también a devaluar su moneda contra el dólar o a reducir sus volúmenes de importación de bienes básicos. Ambas son malas noticias para los países productores de bienes básicos y, de nuevo, una fuente de presión importante para el segmento de mercados emergentes.

Adicionalmente, se comienza a especular, sin ningún eco en el mercado aún, que parece inminente un ajuste a la tasa de referencia por parte de la Reserva Federal en los Estados Unidos. Aquí hay dos riesgos importantes: uno, el que mencionábamos la semana pasada, si se acentúa una divergencia entre las políticas monetarias de Norteamérica contra el resto de las regiones desarrolladas, la revaluación del dólar persistiría; dos, la elevación de las tasas de largo plazo en el mercado secundario pudiera representar una pinza terrible para algunos países con necesidad de financiamiento.

La permanencia del tipo de cambio en niveles elevados podría provocar un aumento en las expectativas de inflación y ello obligar al Banco de México a ajustar las tasas al alza y adoptar una postura que perjudicaría a la postre el desempeño económico ya de por sí raquítico.

Evidentemente, hay la opinión contraria. La sacudida sería temporal, ya que la demanda de petróleo puede acelerarse por el crecimiento mayor en Estados Unidos y la aplicación de medidas de mayor relajación monetaria en Europa y Asia. Ello implicaría la estabilidad de los precios en un futuro cercano y una menor volatilidad en las monedas de países emergentes. Si lo anterior sucede, es posible un regreso veloz del tipo de cambios.

Por ahora, en medio del momento de presión, es explicable que la percepción de riesgo haya aumentado. Esto ya se refleja en todas las variables financieras. Hay que poner atención en que el ajuste violento sea uno más de corta duración y de efectos imperceptibles en la trayectoria de inflación.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de Invex. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

[email protected]

Twitter: @invexbanco