El país está atravesando por un periodo de transformación que puede tener varios desenlaces y que van desde la inmovilidad y estancamiento hasta el otro extremo del crecimiento y la prosperidad. La forma y la decisión con la que enfrentemos los retos definirán el país que tenderemos en los siguientes años.

El primero tiene que ver con el perfeccionamiento del régimen democrático que hoy tenemos. En este sentido, hay dos temas relevantes que se tienen que abordar con el fin de evitar los problemas de las últimas elecciones. Sin ser demasiado exhaustivo, desde la elección presidencial de 1988 se han presentado cuestionamientos que, en el mejor de los casos, ponen en duda la limpieza de los procesos electorales.

Desde la famosa caída del sistema , pasando por los amigos de Fox , el voto por voto hasta la compra de sufragios más reciente evidencian el camino que queda por recorrer.

Es decir, nuestra democracia ha avanzado muchísimo y eso quedó en evidencia al observar las largas filas que hizo la ciudadanía para emitir su voto y la oportunidad con la que se dieron a conocer los resultados preliminares.

No obstante, el gran reto en el terreno electoral es que dentro de seis años no se presenten estas manifestaciones de inconformidad que manchan la limpieza del proceso y abren las puertas a la intolerancia, el descontento y la desconfianza.

En la parte económica son dos los retos. Por un lado, preservar los equilibrios macroeconómicos y, por otro, generar las condiciones que propicien un mayor crecimiento económico.

Después de la última gran devaluación de 1994, México ha tenido la capacidad de mantener los principales equilibrios macroeconómicos y esto nos ha permitido transitar por la peor crisis económica mundial de los últimos 80 años sin mayores sobresaltos.

Hay varios elementos que se deben considerar cuando se evalúa la economía mexicana. En términos generales, detrás de las crisis económicas registradas en México desde la década de los 70 han subyacido tres desequilibrios: el déficit de la finanzas públicas; el déficit en cuenta corriente y, el fuerte endeudamiento externo.

Después de una serie de transformaciones estructurales de primera generación, estos desbalances se han corregido y han posibilitado alcanzar y mantener la estabilidad de precios que hoy se ubican en cerca de 3%, nivel puntual establecido por Banxico.

A esto ha contribuido el régimen de libre flotación del tipo de cambio.

México se presenta al mundo como una economía con sólidos fundamentos, muchos de los problemas por los que atraviesan los países europeos son precisamente los que padecimos en México y sabemos que corregir estos desequilibrios les tomará al menos 10 años, lo que abre una ventana de oportunidad para que nuestro país se posicione como uno altamente competitivo.

Éste es, precisamente, el segundo gran reto que tendrá que enfrentar el nuevo Ejecutivo. La nueva administración recibirá un país con un sistema bancario sólido, una economía creciendo a 4% y generando empleos, por lo que la atención deberá concentrarse en apalancar esta condición fundamental para crecer.

Alcanzar este objetivo supone incrementar la competitividad externa del país, aumentar la confianza de los consumidores, crear más empleos y, consecuentemente, fortalecer el mercado interno. En pocas palabras, el país requiere mantener y fortalecer los equilibrios económicos y adoptar reformas estructurales que posibiliten un mejor aprovechamiento de las ventajas competitivas del país y fortalecer las fuentes internas de crecimiento.

El filósofo argentino José Ingenieros dijo: Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber adónde van. Si se logra mantener como prioridad hacia dónde queremos que México se dirija, el país se podría enfilar a un largo periodo de prosperidad .

*Manuel Guzmán M. es director ejecutivo de Administración de Portafolios y Análisis y Estrategia Económica de Grupo Financiero Ve Por Más.