Las emisiones de bonos verdes están de moda. Durante el pasado ejercicio se colocó este tipo de deuda –emitida para un proyecto o por una institución que lucha contra el cambio climático–, por un importe agregado de 93,400 millones de dólares, de acuerdo con los datos facilitados ayer por la agencia de calificación crediticia Moody’s.

La cifra registrada en 2016 supone duplicar los datos del año anterior, cuando se emitieron algo más de 40,000 millones de bonos verdes y para 2017 los expertos de Moodys’s esperan que el ritmo de crecimiento se mantenga y que las colocaciones de este tipo de deuda vuelvan a duplicarse, hasta superar los 200,000 millones de dólares. En 2010, el volumen de este tipo de emisiones apenas superaba los 4,000 millones de dólares.

Estas buenas perceptivas se las basamos en la previsible expansión geográfica y el mayor número de emisores, tipos de emisiones, estructuras e instrumentos de inversión, incluyendo una contribución sostenida significativa por parte de China, con base en sus compromisos climáticos y su programa ambicioso de desarrollo de energías renovables , apunta Henry Shilling, vicepresidente senior de Moody’s.

El mercado podría también ser impulsado por medidas del sector público a nivel global para estimular bonos verdes a través de incentivos fiscales, o enfoques similares; y mediante un mayor debate y avances con relación a información y divulgación armonizada, incluyendo impactos , añade Shilling.

El gran peso de China

En 2016, el 35% del volumen total emitido en bonos verdes procedía de compañías chinas. Entro los emisores supranacionales, durante el pasado ejercicio destacó el Banco Europeo de Inversiones (BEI) –con colocaciones por 4,000 millones de euros– junto al Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo.

Parte del tirón que están teniendo estas emisiones se debe a que los estudios demuestran que el inversor que adquiere los títulos mejora su diversificación, además de mejorar su reputación.

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