Es decir, hay quienes dudan de que realmente exista un cambio en la estructura de crecimiento y por ello, los factores que generarían ganancias pueden ser los mismos de otros años.

En los últimos días, presenciamos la continuación de la baja tanto en el precio del petróleo, como en las tasas de interés en el mundo desarrollado. En ambos casos, hay elementos de mayor intensidad. En cuanto al primero, es de destacarse que no sólo el precio del petróleo registra un descenso significativo, también lo hacen los precios de bienes básicos como el cobre, el acero y los granos.

El rompimiento de barreras que, se suponía, eran un piso cercano, incrementa los temores entre muchos inversionistas con respecto a fuertes descensos en la inflación y la amenaza de una etapa deflacionaria.

La baja de las tasas de interés no hace más que reflejar el temor antes expuesto. La tasa de los bonos del tesoro de Estados Unidos a 10 años se ubicó en 1.81%, aproximadamente 35 puntos base por debajo del nivel en el que iniciaron el año. Se trata de una baja sustancial importante y que no tiene concordancia con el escenario, esgrimido por muchos, de que un aumento de las tasas de referencia por parte de la Reserva Federal (Fed) está cerca.

De hecho, quienes no creen en tal vaticinio y permanecieron invertidos en bonos han ganado retornos importantes en apenas quince días. Así también lo han hecho aquellos inversionistas globales que toman dinero con la promesa de pagar tasas denominadas en euros (el bono al mismo plazo de Alemania cotiza a una tasa de 0.55%) y lo invierten en treasuries americanos, con más de un punto porcentual de ganancia.

En estos momentos, la deflación como amenaza parece crecer (en el mundo desarrollado) y, por ende, la expectativa con relación a las tasas vuelve a tranquilizarse. A pesar de predecir lo contrario, no hay inversionistas que por el momento estén poniendo su dinero en una apuesta de un alza importante de las tasas. La síntesis de lo que vimos el año pasado comprimido en dos semanas.

Tradicionalmente, un aplanamiento de la curva de tasas de interés implica una señal anticipada de descenso en la actividad económica. Sabemos que en la actualidad hay elementos que distorsionan dicha teoría, siendo el principal la fuerte expansión monetaria que han aplicado la mayoría de los bancos centrales en el mundo. La pregunta es si, además de agrupar los beneficios que estas distorsiones provocan, el nivel de las tasas no está anticipando un escenario menos benigno; o más bien dicho, más maligno.

La interrogante mayor en este contexto es si la economía de Estados Unidos será capaz de sostener el actual ritmo de recuperación. En él se han fincado las bases para esperar un cambio de postura por parte de la Fed. Sin embargo, la misma Fed ha sido enfática en indicar que no sólo necesita lograr sus objetivos en materia de empleo, sino que la inflación converja a su objetivo de largo plazo, que es un nivel de 2.0 por ciento.

No obstante, la inflación en los primeros meses del año descenderá. ¿Qué pasa si al mismo tiempo seguimos viendo un crecimiento robusto? Bueno, se trata del mejor escenario posible para que las bolsas norteamericanas continúen con su fuga hacia niveles máximos. En caso de que la economía de Estados Unidos decepcione, podríamos ver correcciones más fuertes.

Entonces, ante la caída de las inflaciones y las dudas que despierta con respecto al crecimiento, los inversionistas se preguntan si no estamos en el umbral de otro año en donde las ganancias estarán en inversiones en bonos a plazos largos y en las bolsas, tal y como ha sucedido en los últimos cuatro. Interesante, ¿no? Preste mucha atención en el desempeño de la economía norteamericana en las siguientes semanas.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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