Aunque el movimiento de baja en los precios del petróleo es sumamente fuerte y no hay expectativa de una recuperación, los efectos sobre los países y las decisiones de los inversionistas no son tan claros.

En esta semana, el precio del petróleo tipo West Texas Intermediate se ubica en niveles por debajo de los 50 dólares por barril. Sin duda se trata de un movimiento singular y poco frecuente. El mercado petrolero ha estado marcado por sucesos que modifican la estructura de precios en una o dos veces por década en los últimos 40 años. Éste es uno de esos.

Sin embargo, algunas deducciones parecen obvias y otras no. Muchos inversionistas tienen serios interrogantes si los efectos finales de esta caída serán como lo han sido en el pasado. Lo que es un hecho es que un petróleo a 40 dólares el barril parece estar cambiando el contexto de las decisiones financieras.

Razone en sentido contrario. ¿Qué estaría pasando si el precio del petróleo se hubiese duplicado en seis meses? Sin duda las alertas con relación a un estancamiento de la recuperación serían fuertes. La fiesta en algunos mercados emergentes, como Rusia o Brasil, sería franca y el temor con relación a un alza de la inflación en el mundo desarrollado (en donde predomina el consumo de combustibles) tendría mucho campo fértil. En este contexto, habría bancos centrales amenazando con elevar las tasas de interés y probablemente a los mercados bursátiles les generaría una corrección importante.

En seis meses, hemos visto al petróleo desplomarse más de 50% y las consecuencias son contrarias en casi todos los casos. Obviamente, países productores como Rusia o Brasil están pasando aceite por la reducción en sus ingresos y en muchas regiones del mundo desarrollado la amenaza de deflación (inflación negativa) se ha concretado (al menos en Europa). Por su parte, la mayoría de los bancos centrales advierten la necesidad de mantener tasas de interés bajas y estímulos monetarios.

Lo que no ha sucedido hasta ahora es que haya voces advirtiendo una recuperación del crecimiento en muchas economías a las que el precio del petróleo barato las beneficia. Si hacemos caso a la lógica, Estados Unidos y China, así como Japón, India y una buena parte de Europa reciben un estímulo al reducirse el costo de la energía.

Ahí está la gran interrogante: ¿Nos enfrentamos a un entorno deflacionario y de menor crecimiento en el mundo en general o se viene un cambio de paradigma en la demanda agregada, propiciada por los mayores ingresos disponibles derivados de la energía barata?

En estos momentos parece que la sacudida inicial no ha terminado. Es probable que la tendencia de baja del petróleo continúe y que le cueste trabajo determinar un piso confiable. Asimismo, la devaluación de la mayoría de las monedas contra el dólar podría proseguir y el riesgo de episodios disruptivos en los mercados (incumplimiento de deudas, corrección de bolsas, políticas proteccionistas, etcétera) seguirá presente.

Aun con todas esas dificultades, cuesta trabajo pensar que la vorágine de correcciones se vuelva perpetua. Habrá reacción de las autoridades y habrá una dinámica de crecimiento. La expectativa en los Estados Unidos en especial es muy favorecedora.

En ese contexto de mercados más estables, en un futuro no determinado aún, piense en inversionistas globales que busquen un país que tenga una buena perspectiva de crecimiento y que esté conectado directamente con la región más beneficiada por los combustibles baratos; que además tenga una salud financiera relativa y una moneda subvaluada; ¿se le ocurre alguno? La inversión de cartera no necesita más argumentos si la posibilidad de ganancias interesantes se pone sobre la mesa.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de Invex. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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