Sin duda, la constante de la semana pasada en los mercados fue la volatilidad ante el caudal de información económica que se emitiera, que en algunos casos mostró que la economía estadounidense se recupera lento pero se recupera, mientras que alguna otra genera todavía dudas sobre la solidez de la recuperación, lo que se tradujo en un fuerte golpe al peso mexicano al perder casi 30 centavos a lo largo de la semana.

Para que se den una idea, el viernes 10 de enero cerramos con un tipo de cambio peso/dólar en 12.98, mientras que el viernes pasado alcanzamos niveles de prácticamente 13.25 pesos/dólar, tras haber tocado los 13.30, en sesiones caracterizadas por la volatilidad en precios. Lo anterior significa que en tan solo una semana, un importador mexicano con cuentas por pagar en el extranjero por 1 millón de dólares habría visto incrementada su deuda en 270,000 pesos.

Y es que nuevamente, la discusión y expectativas del mercado se centran en las decisiones que habrá de tomar la Fed con respecto a su programa de estímulos o relajación cuantitativa.

La diferencia con respecto a la discusión del año pasado radica en que a lo largo del 2013 las apuestas se centraban en el momento en que la Fed iniciaría el recorte del programa de estímulos y el monto que le recortaría. Hoy la discusión se centra en la rapidez con que se eliminara el programa y si la Fed decidirá recortar el monto de apoyo de manera más agresiva.

Los argumentos son los mismos: habrá que ver y dar seguimiento estrecho a los datos económicos que se publiquen a lo largo del camino y la Fed actuará en consecuencia. Como quien dice, la Fed aplicará el método científico de jugarla de oídas .

Lo anterior, sin duda, genera volatilidad, ya que los optimistas del mercado ven en cualquier señal un dato positivo para que la Fed recorte de manera más agresiva su programa de estímulos, lo que curiosamente se traduce en presiones a la baja para las bolsas, dado que un recorte de apoyos significa menos canicas para jugar del lado de los especuladores. Mientras, los pesimistas ven en cualquier noticia señales de desconfianza, lo que les hace pensar que la Fed mantendrá su ritmo actual de compras de activos, al menos por lo que resta del año, lo que les permite seguir jugando en el mercado y que por lo tanto, las bolsas y algunos otros instrumentos se muevan al alza.

Por lo pronto, la semana pasada ganaron los que consideran que la información económica fue positiva, particularmente en el tema de la inflación, al haberse mostrado un dato del índice de Precios al Productor por encima de lo esperado por el mercado, y por el otro, el dato de solicitudes de subsidio al desempleo, que nos mostró una menor demanda de apoyo. Las dos variables anteriores: inflación y empleo, son claves para las decisiones que habrá de tomar la Fed.

Como consecuencia de esto, el dólar se vio fortalecido y el peso mexicano vino a pagar las consecuencias junto con el peso chileno, que se depreció 1.3% a lo largo de la semana frente al dólar, a su nivel más bajo desde julio del 2010, mientras que el ringgit de Malasia y el peso filipino lideraron las bajas en las divisas asiáticas.

Estamos a tan sólo una semana del cambio de estafeta en la Fed. Yellen se enfrentará a una tasa de desempleo prácticamente del doble a la que encontró Bernanke hace ocho años, una tasa de inflación aún a la mitad de la meta que ha establecido la Fed de 2%, y perspectivas de crecimiento para este año entre 2.5 y 3% contra 3.5% que enfrentaba Bernanke.

¿Tú ya te cubriste en el MexDer?

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